Cuando la fe en tu trabajo no es suficiente #graciasToril

4 de enero de 2011. El Real Madrid Castilla es un equipo sin alma que transita sin pena ni gloria por los puestos medio-bajos del grupo I de 2ª B. Un equipo que roza el descenso con un juego mediocre, que aburre al aficionado y provoca un nulo interés de los medios. Un equipo con jóvenes promesas -unos tales Dani Carvajal y Pablo Sarabia, entre otros- a los que a veces se ve chupar banquillo. Un equipo, en definitiva, que no parece digno de aportar jugadores al Real Madrid.

Como digo, 4 de enero de 2011. El Real Madrid, en un movimiento que no se esperaba –o quizá sí se esperaba pero nadie hablaba de ello; pues en esa época nadie hablaba del Castilla– decide cesar a Alejandro Menéndez y aupar al entrenador del exitoso Juvenil A, Alberto Toril, al primer filial madridista. El entrenador prodigio de la cantera blanca, el salvador de equipos por excelencia, tenía ante sí la tarea más difícil: sacar del peligro y la mediocridad al Madrid Castilla.

Seis meses después, el primer filial madridista no sólo ha alejado el peligro del descenso, sino que ha disputado la fase de ascenso a Segunda División. Los números de Toril son abrumadores: en 19 partidos ha sacado 47 puntos (su antecesor, 24); 14 victorias por 7 de Menéndez, 5 empates y la friolera de 0 derrotas, con 52 goles a favor y 14 en contra. Una auténtica bestialidad que dejan al aficionado con el convencimiento de que Alberto Toril puede ser el entrenador que lleve al fin al Castilla a Segunda.

27 de mayo de 2012. El Estadio Alfredo Di Stéfano vive una tarde de fútbol absolutamente apoteósica. Cuando aún no hemos digerido el 0-3 del Castilla en el Ramón de Carranza, el equipo endosa un contundente 5-1 al Cádiz que catapulta al filial a la división de plata. Los jugadores dan la vuelta de honor al campo y Alberto Toril es manteado, como el técnico que ha devuelto al filial adonde le corresponde estar. Antes de eso, una temporada que empezó con dudas por la ausencia de determinados jugadores y la difícil ubicación de otros; una temporada en la que Joselu se convirtió en un killer, Morata en extremo izquierdo y Jesé Rodríguez se ganó un puesto en el filial. Una temporada en la que Pedro Mosquera vuelve cedido por el Getafe para apuntalar el centro del campo y acaba marcando dos golazos en ese partido final.

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Verano de 2012. Toril pide refuerzos que no se traen. Se suben jugadores del Juvenil A que él no ha pedido, dos pilares como Morata y Nacho tienen la promesa de jugar más con el primer equipo. Vuelve Mateos, sigue Mosquera, continúa Juanfran a pesar de los fuertes rumores de traspaso al Betis. Se espera que Álex Fernández dé un paso al frente. Hay confianza en que Jesé se convierta en el líder del equipo. A última hora, un jugador que parecía seguro como Carvajal se marcha al Leverkusen, y el Madrid tiene que traer de urgencia a un lateral brasileño, Fabinho.

Curso 2012/2013. Todos sabemos lo que pasó, porque fue el año en el que, milagro, el Castilla dejó de interesar sólo a unos pocos y el nombre de su entrenador empezó a ser conocido entre los que ni siquiera veían -y siguen sin ver- los partidos. Quienes achaquen el éxito final a la calidad de la plantilla deberían recordar los difíciles comienzos de un filial obligado a adaptarse a marchas forzadas a la nueva categoría. El enorme hueco dejado por Carvajal y la difícil integración de una pieza que acabó siendo clave como Fabinho. Las ausencias de Nacho y Morata. Una defensa que no dio muestras de seguridad hasta los meses finales, donde Jorge Casado siempre fue el mejor y ninguna pareja de centrales parecía acabar de consolidarse. Toril pidió refuerzos en invierno y le trajeron uno de gran calidad para la única área en la que no los necesitaba: Casemiro. En un clima de fuego cruzado donde muchas críticas llegaban desde dentro, el Castilla sobrevivió con la idea fija de su técnico en mente, y en el partido final en el Di Stéfano muchos pudieron darse el gusto de ver cómo Florentino Pérez bajaba al césped a felicitar a su entrenador.

De rozar los puestos de descenso a Tercera a colocar a su equipo como el mejor filial de España: Alberto Toril lo había hecho todo eso y más, en dos años y medio.

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Verano de 2013. Nombres importantes abandonan para siempre el Castilla: Morata, Nacho, Mosquera, Juanfran, Cheryshev. Tras ser fogueado en el filial, Fabinho, como ya hiciera un año antes Mendes, termina su cesión. Entre los fieles castillistas empiezan a saltar las alarmas: a pesar de que del C llegan buenos jugadores, la calidad y experiencia de la plantilla no parece suficiente para repetir la gesta en Segunda. De todos los refuerzos que Toril piden sólo le traen uno: Jaime Romero. El Real Madrid refuerza al filial sin gastar un euro, con jugadores libres o cedidos de otros equipos.

El esperpento se completa cuando el jugador que estaba llamado a ser el capitán de esta nueva plantilla, Álex Fernández, es traspasado al Espanyol en un intercambio con Christian Gómez, después de un período oscuro en el que no es ni convocado sin que al exterior trascienda razón. Álex, criado literalmente en la cantera del Madrid, una de sus perlas, mediocentro realmente único dentro de la disciplina blanca, abandona por la puerta de atrás el club de su vida y el filial al que tanto podría haber aportado. Hoy, gracias a un tuit de su padre, podemos figurarnos por qué.

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19 de noviembre de 2013. El Real Madrid Castilla es el último de la fila y en unas condiciones que no permiten soñar con la salvación. Ninguno de los fichajes que se hizo ha funcionado, salvo Jaime Romero. Ninguno de los jugadores juveniles -cuya presencia en el XI se pedía desesperadamente desde el año pasado desde algunos sectores- ha cuajado tras muchos minutos en Segunda. Todos los delanteros del equipo llevan un total de 0 goles. En el centro del campo Omar Mascarell ha tenido que erigirse en timón y cerebro del equipo. Quini ha tenido que jugar de lateral derecho, Llorente ha vuelto al centro de la zaga y Kiko Femenía y Gómez no van ni convocados. Toril ha probado absolutamente todas las combinaciones con todos los jugadores disponibles, llegando a subir al goleador del Juvenil A, Juanjo Narváez.

Después de evidenciarse la mediocridad de la plantilla que han configurado, la solución del Real Madrid CF ha sido, evidentemente, sustituir a Toril.

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Con la destitución de Alberto Toril se pone fin a una etapa de casi tres años en los que la cantera del Real Madrid ha vuelto al sitio que le correspondía. Toril cogió un Castilla hundido y lo llevó a la gloria; Toril cogió unos jugadores en los que su anterior entrenador no confiaba y les dio el peso del equipo. Bajo su batuta, y así lo han reconocido ellos mismos, se han formado los cuatro jugadores que más recientemente han subido del filial al Madrid: Nacho, Jesé, Morata y Carvajal. A los dos últimos los entrenó desde juveniles, así como a Sarabia y Álex, que actualmente militan en Primera; también contribuyó en la formación de Pedro Mosquera (Getafe), Fran Rico (Granada), Juan Carlos Pérez y Juanfran Moreno (Betis), Denis Cheryshev (Sevilla), Joselu Mato (Frankfurt), Óscar Plano (Alcorcón) y un largo etcétera de futbolistas que, desde su etapa en el C hasta el Castilla, pasando por el Juvenil A, le han tenido de entrenador.

Con Toril se va el hombre que cogió a un Castilla mediocre y lo catapultó al buen juego, un entrenador que, con sus defectos y virtudes, logró ilusionar a los aficionados del filial como hacía tiempo que ningún técnico conseguía hacerlo. Lo hizo con su buen hacer, su trabajo y su profundo conocimiento de los chicos a los que entrenaba; con su enorme fe en la misma idea de cantera, Toril no sólo devolvió al Castilla a Segunda sino que consiguió una proeza aún mayor: introducir a varios de sus chicos en el primer equipo. Y lo hizo sin perder jamás la educación, a pesar de las piedras que le lanzaban desde fuera y desde dentro.

Con Toril se va el hombre que, personalmente, hizo que volviera a ilusionarme por la cantera del Real Madrid. Con Toril se va el que considero el mejor formador de los últimos años en La Fábrica. Con Toril se va el entrenador prodigio, quizá harto de batallar contra su propio club, pero espero que con su fe en la cantera aún intacta.

Toril se va pero los que dinamitaron al mejor filial de España, los que sepultaron en la deshonra al Real Madrid Castilla, siguen en sus poltronas y no parecen hacer ademán de seguir sus pasos.

Llega Manolo Díaz, un hombre de la casa; quizá el mejor sustituto posible. Toda la suerte del mundo para él, porque la necesita y se la merece. Si consigue sacar al Castilla del pozo, su gesta será épica. Pero, mientras vemos si eso es o no posible, déjenme que recuerde ese 4 de enero de 2011, y aquel primer partido contra el Coruxo donde el Castilla de Toril empezó a cimentar su leyenda.

Un Castilla espléndido, lleno de talento y calidad, que esperemos que dentro de poco no sea más que un recuerdo.

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Gracias por todo, don Alberto. De corazón.

Imágenes: Realmadrid.com y As.com

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