Adulteradores de la competición: mitos y fobias sobre los filiales

“¡Liga de filiales ya!”, “los filiales adulteran la competición”, “no es justo que equipos históricos tengan que competir contra filiales de grandes clubs”. Que levante la mano el seguidor habitual de la cantera que no haya leído o escuchado alguna vez una de estas tres frases, pues yo creo que lo primero que uno aprende cuando se interesa por la cantera de su club es una máxima tan antigua como irrevocable: los filiales molestan. Y mucho.

Es una escena típica, mil veces vivida: el filial de un equipo importante se enfrenta al primer equipo de otro club más modesto. Da igual la categoría que sea: da igual que estemos hablando de la Liga Adelante o de Tercera. El desarrollo de la jugada es siempre el mismo. Si el filial pierde, los hinchas del rival se irán felices y contentos por haberles bajado los humos a esos mozalbetes, sobre todo si los susodichos jovenzuelos han debutado ya en Primera. Pero si al filial se le ocurre ganar -o aún peor, ganar dando un baile de juego al otro club- inmediatamente arreciarán las críticas y se pondrá en entredicho la normativa española respecto a los filiales. Se sacarán ejemplos de la liga inglesa y la conclusión será apabullante: los filiales no deben competir más que en una liga propia. Vaya a ser, vive Dios, que nos ganen.

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Como seguidores de la cantera, bastante hartos de escuchar tonterías acerca de los filiales, nos gustaría recopilar algunas de esas acusaciones para demostrar su absoluta falsedad.

1. Los filiales adulteran la competición porque sus jugadores pueden ser llamados al primer equipo o a las selecciones inferiores. La acusación por antonomasia, que además cae por su propio peso; ya que, si contemplamos el asunto fríamente, veremos que el beneficiado no es el filial, sino al revés.

Sirva como ejemplo la peculiar situación vivida por Nacho y Morata la temporada pasada. A caballo entre primer equipo y Castilla, había semanas en las que jugaban con el filial, otras en las que tenían unos minutos testimoniales con el primer equipo y algunas en las que chupaban banquillo o grada. Si le sumamos las convocatorias de la selección sub21, nos encontramos que había semanas en las que ni uno ni otro jugaron un solo minuto con ningún equipo.

Privado circunstancialmente de dos de sus mejores jugadores, el Castilla tuvo que desarrollar un plan B para aprender a sobrevivir sin ambos. El “perjudicado” -entiéndase el entrecomillado en el sentido de que somos conscientes de que ése es el sentido de la existencia de un filial- fue el propio equipo B. Los beneficiados, los rivales que se encontraban a un Castilla mermado. Por supuesto, había semanas en los que ambos estaban disponibles para Toril, que los alineaba, provocando las quejas de los rivales. Quejas absurdas puesto que Nacho y Morata -al igual que cuando un jugador se lesiona y no está disponible momentáneamente para su equipo- nunca dejaron de formar parte de la plantilla del Real Madrid Castilla.

Mención aparte merecen las convocatorias de las selecciones inferiores, especialmente la sub21 y la sub19; al contrario que con las convocatorias de la Absoluta, que conllevan un necesario parón en la Primera división, no ocurre así con la Segunda y el resto de categorías. No es poco habitual ver al Castilla llegar a un choque absolutamente mermado por haber perdido media docena de jugadores en una convocatoria; jugadores que, por razones obvias, suelen ser además titulares indiscutibles. En este caso, nuevamente, el beneficiado es el equipo rival.

madridistas sub19

Madridistas convocados para un entrenamiento de la sub19 en enero. Fuimos el equipo que más jugadores aportó.

Recordemos además que la normativa RFEF es muy estricta con los filiales para impedir que no puedan jugar limpio: un jugador mayor de 23 años no podrá simultanear filial y primer equipo, y un jugador alineado más de diez veces no podrá retornar al filial.

2. Los clubs invierten más millones en sus filiales de los que puede permitirse un equipo modesto. Depende del caso, y normalmente no suele ser así. Tanto Castilla como Barça B, por hablar de los dos ejemplos más representativos, se nutren principalmente de jugadores subidos del juvenil, en el caso del Barça, o del C, en el caso del Castilla.

Sólo hay que observar la plantilla actual de esta temporada para descubrir que Real Madrid no ha hecho grandes dispendios en su primer filial: de las diecinueve altas, once tenían ficha la temporada pasada en el Madrid C, y uno en el Juvenil A. Tres son cedidos con opción a compra (Jaime Romero, Cristian Gómez y Antonio Rozzi), y otros tres han llegado libres (Pulido, Leandro Cabrera y Kiko Femenía). El resultado es que este año el Real Madrid no ha gastado un euro en reforzar su primer filial (datos extraídos de Noventa minuti son molto longos). Me juego algo a que la mayoría de clubes de Segunda han gastado más dinero en reforzarse que el Real Madrid Castilla.

Por si alguien está pensando en Casemiro, él también jugó cedido en el Castilla. Su compra (6 millones de euros) se hizo efectiva para el primer equipo.

Por si alguien está pensando en Casemiro, él también jugó cedido en el Castilla. Su compra (6 millones de euros) se hizo efectiva para el primer equipo.

3. Los filiales (y aquí hablamos de Castilla y Barça B) tienen más apoyo de la afición al ser el segundo equipo de un club grande.

En una palabra: ja.

Aunque siempre es frecuente ver camisetas de Real Madrid o Barcelona cuando sus distintos filiales salen a jugar fuera, lo cierto es que -al menos en el caso merengue, que es el que conocemos bien- salvo partidos muy puntuales el Castilla o el Real Madrid C, siempre que juegan fuera de casa están completamente solos.

Pocas peñas se plantean organizar un desplazamiento para seguir al filial, y cuando lo hacen no suelen ser excesivamente ruidosas. Y aunque en la ciudad visitada pueda haber madridistas que por su cuenta se acerquen a ver a los chicos, normalmente no animan y en algunos casos tienen, como se suele decir, el corazón dividido. 

Añadamos, además, lo mal visto que está animar a tu filial cuando va a tu ciudad, y un ejemplo perfecto lo tenemos en el playoff de ascenso contra el Cádiz, cuando una peña madridista gaditana que anunció su intención de acudir al Carranza para animar al Castilla fue duramente criticada por parte de periodistas locales. Puede que algunos integrantes de esta peña fueran del Cádiz, puede que ni siquiera simpatizaran con el equipo de su provincia, pero muchas personas no entendieron que antepusieran su sentimiento madridista a su sentimiento gaditano.

En la misma tesitura nos vemos muchos, y no es infrecuente ver a corazones divididos atacar ferozmente a su propio filial por el hecho de competir en la misma división que su segundo -o primer, según los casos- equipo.

Además, hay que tener en cuenta que la asistencia al Di Stéfano, si bien bastante regular y saludable (teniendo en cuenta el modesto aforo del estadio), no es ni mucho menos masiva ni especialmente ruidosa, y que la localización geográfica de Madrid -amén de las facilidades que pone el propio club a las aficiones rivales-, propician que no en pocas ocasiones se vivan auténticas invasiones de la hinchada visitante, con lo que el Castilla se ve jugando en Valdebebas como si estuviera fuera de casa.

4. Los árbitros siempre son más permisivos con los filiales.

Cualquier aficionado del Castilla con memoria estará soltando ahora una buena carcajada.

Con las estadísticas en la mano, el mito de que los filiales roban se demuestra pronto: en la temporada 2011/2012, según las estadísticas publicadas por esta web, los números del Castilla son los siguientes: 137 amarillas, 13 tarjetas rojas, un penalti a favor en toda la temporada y ocho en contra. El Castilla acabó en inferioridad numérica en once partidos; en uno de ellos fueron dos los jugadores expulsados, y en otro hasta tres futbolistas del Castilla abandonaron antes de la cuenta el césped. Curiosa permisividad arbitral.

Para la temporada pasada tenemos unos números más normales pero para nada permisivos: siete penaltis en contra, ocho a favor, 115 amarillas, cuatro rojas.

5. Clubes como el Real Madrid o el Barcelona pueden llevarse a las mejores promesas del país y llenar sus canteras de talento.

Eso, para qué negarlo, es completamente cierto.

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Pero también es verdad que a veces el talento puro no garantiza sobrevivir en competiciones tan duras como la Liga Adelante; por contra, tienes handicaps como la falta de veteranía, la casi total ausencia de picardía y el escaso dominio de esas triquiñuelas que ayudan a sobrevivir a muchos equipos veteranos.

Pocas veces se verá a un equipo filial hacer excesivas faltas, ir a parar de forma contundente el juego rival, perder clamorosamente el tiempo o intentar constantemente provocar el penalti. Cualquier espectador habitual del Real Madrid C o el Castilla sabe que, con puntualidad suiza, si el rival aguanta un buen resultado a partir del minuto 80 -o antes- empezarán los extraños desmayos a lo largo y ancho del campo.

Los chicos del C o Castilla no están tan curtidos como jugadores de otros equipos y a menudo caen en la provocación fácil o resulta sencillo sacarles completamente del juego. Los veteranos de esto recordaremos a jugadores como Aníbal Zurdo, que parecían tener la extraña habilidad de exaltar al más tranquilo de nuestros futbolistas.

Un partido de un filial contra un equipo no-filial va a ser siempre una lucha entre la experiencia y el talento bruto. Y el vencedor será quien sea capaz de imponer su forma de jugar al fútbol. Cuando un filial está plenamente entonado y en un buen estado de forma -pensemos en el Castilla del tramo final de la temporada pasada- resulta sencillamente arrollador. Pero no es una lucha desigual, puesto que cada equipo tiene sus armas, que debe usar sabiamente para contrarrestar los puntos fuertes del rival.

Una liga de filiales, a la larga, sólo contribuiría a bajar el nivel de nuestras canteras; privados de la experiencia que otorga jugar en Segunda o Segunda B, el salto entre filial y primer equipo sería demoledor. Si España tiene una de las mejores canteras del panorama actual es porque nuestras futuras promesas tienen la posibilidad de hacerse hombres en una competición real. No sólo el Madrid y el Barcelona tienen filiales: equipos como el Atleti, el Málaga o el Athletic están sacando auténticas joyas de sus respectivas canteras. A corto plazo esto redunda en beneficio de nuestras selecciones inferiores; y al largo, repercute en la absoluta. No boicoteemos este buen trabajo sólo porque, el pasado fin de semana, un equipo filial de jóvenes imberbes y talentosos le enmendó la plana al club de nuestros amores.

Imágenes: Realmadrid.com, Gettyimages.

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