Ponerlos a jugar

Me van a perdonar que comience esta entrada sobre la cantera del Madrid, en este blog madridista, aludiendo a Pep Guardiola y al FC Barcelona. Pero es imposible no reconocer que el inaguantable Barça del sextete no sólo puso de moda contar con la cantera, sino que obligó a los demás equipos a fingir preocuparse por las suyas. El equipo culé que maravilló al mundo y nos sumió a los madridistas en un par de años de permanente irritación futbolística presumía, no sólo de ganar con un determinado estilo, sino de hacerlo contando con gente de la casa; producto 100% La Masia a coste 0. De aquella propaganda hoy se han caído unos cuantos mitos, pero hay una verdad que es ineludible: aquel Barcelona arrollador llevaba un gran porcentaje de canteranos en sus filas y dejó, en el Real Madrid, la espinita de hacer lo mismo algún día. De repetir, quizá, el milagro de la Quinta del Buitre.

Hasta ese momento al madridista de a pie no le importaba demasiado la cantera. El producto de La Fábrica salía de la cadena de ensamblaje ya en caja para ser exportado. Y a nadie le molestaba mucho, porque el Real Madrid disponía de talonario para incorporar a lo mejor del panorama internacional. La eclosión de La Masia cambió muchas cosas: muchos fijaron sus ojos en el Castilla y se puso sobre la mesa el peliagudo tema de la cantera. Tirar de la cantera, más que un recurso, empezó a ser una obligación.

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Y la cantera tuvo más peso estos últimos años, aunque a veces fuera a costa de ser utilizada como arma arrojadiza. El tándem formado por Mourinho y Karanka dio la alternativa a muchos jóvenes en el primer equipo, aunque la mayoría fueran de modo tan sólo testimonial. Aquella gestión tuvo luces como Álvaro Morata o Nacho Fernández y sombras como Jesé Rodríguez o Daniel Carvajal; pero de lo que no se puede dudar es de que, por primera vez en muchos años, la cantera blanca empezaba a ver la luz dentro de su propia casa.

Con la llegada de Ancelotti y Zidane, esta tendencia se ha hecho aún más acusada. Algo está cambiando. Lo que empezó siendo una percepción en los primeros días del verano, cuando el Real Madrid ni siquiera contaba con entrenador de manera oficial, se ha ido convirtiendo en una certeza imposible de rebatir a estas alturas de la pretemporada. Con un par de partidos jugados con amplia presencia de cachorros madridistas -en el último, contra el Lyon, los goleadores fueron el canterano Morata y el ex jugador del Castilla Casemiro-, con las recientes renovaciones de Denis Cheryshev y de la perla Jesé Rodríguez −200 millones de cláusula, nada más y nada menos-, parece que al fin ha llegado el momento en el que el Real Madrid se muestra decidido a apostar, para variar, por los suyos.

[pullquote]Jugadores como Jesé, Carvajal o Morata podrían encontrar un hueco en el primer equipo.[/pullquote]

A esto se le suman los desembolsos hechos para contratar a Isco e Illarramendi, ambos campeones de Europa con la sub21 en un equipo que compartían con los propios Carvajal, Morata y Nacho. Una apuesta decidida por la cantera nacional en un momento donde el futbolista español es un producto tremendamente cotizado en el extranjero; una serie de jugadores incorporados más para el futuro que para el presente, que representan un brusco cambio de dirección respecto al mercado de fichajes de años pretéritos.

Una imagen que lo dice todo.

Una imagen que lo dice todo.

Como si de las dos caras de una misma moneda se tratara, este momento de auge de La Fábrica se produce precisamente en la época donde la Masia blaugrana parece estar en declive. El Barcelona, que en los últimos años había hecho de la cantera su santo y seña, ha sorprendido a sus propios aficionados mediante una serie de movimientos, cuanto menos, significativos: la venta de dos canteranos emblemáticos como Thiago y Muniesa a Bayern y Stoke City respectivamente, y las cesiones de dos de sus grandes promesas, Deulofeu y Rafinha, hacen pensar que algo está cambiando también en la Masia, pero a peor. Sólo hay que leer a los grandes canteranólogos culés para entender que un cierto clima de preocupación e incertidumbre se está extendiendo en la antaño sólida escalera de peldaños azulgrana. 

En efecto, es como si ambos gigantes del fútbol español hubieran intercambiado sus papeles. Y mientras el Real Madrid es ahora quien sube a sus canteranos y tiene la intención -o eso se desprende de las declaraciones de Florentino y Ancelotti- de darles continuidad en el primer equipo, el Barça experimenta con la vía de las cesiones o las compras con cláusula, cuyas bondades se han exagerado demasiado sin tener en cuenta que es un arma de doble filo -en los últimos años sólo Arbeloa ha hecho el viaje de ida y vuelta, con muchas paradas intermedias, para tener continuidad en el equipo; por contra, talentos como Pablo Sarabia se han perdido completamente al aceptar en su día un traspaso prematuro al club incorrecto-.

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Pero los aficionados del Real Madrid, especialmente los que llevamos tiempo defendiendo la utilidad de La Fábrica para el primer equipo, no debemos dejar que esta avalancha de buenas noticias nos nuble. Porque una cosa es la teoría, y otra la realidad. Algo parecido fue lo que acertadamente dijo Guardiola cuando le preguntaron por la diferencia entre las canteras de Barcelona y Madrid. Ambas eran buenas, pero ellos hacían algo que nosotros no: ponerlos a jugar. De la misma forma, de nada servirá haber renovado a Jesé, asegurar la presencia de Morata y Nacho o tener grandes esperanzas en José Rodríguez o Álvaro Medrán si, cuando llegue el momento, no acumulan los minutos necesarios. Porque la experiencia se gana jugando, y la valía se demuestra -o no se demuestra -sobre el tapete verde. 

La buena noticia es que tanto Ancelotti como Zidane parecen más que dispuestos a arriesgarse y confiar en estos jugadores, y darles la oportunidad que llevan tiempo reclamando. Y ése es, en realidad, el principal cambio: querer apostar fuerte por gente joven, de la casa, sin ambages ni medias tintas. Estar dispuesto a permitir que una de las generaciones más talentosas de la cantera blanca no tenga que sufrir esa preceptiva diáspora que hasta ahora era destino ineludible del canterano madridista.

1374698373_873148_1374700406_album_grandeImágenes: Realmadrid.com, As.com

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