Visiones de Segunda: Cambios de esquema y mentalidad

Hasta ahora hemos descrito de forma global las penurias pasadas por el equipo en Segunda, los retos a los que se ha enfrentado y lo que ha supuesto exponerse -para lo bueno y para lo malo- a la visibilidad de una categoría superior. Y nos hemos dejado para el final el aspecto más puramente futbolístico, el que entronca con las dificultades más técnicas: cómo repercutió sobre la pizarra el cambio de algunos jugadores por otros, las soluciones tácticas aportadas por Toril, cómo se dispuso el esquema del Castilla en la categoría de plata.

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En general podemos afirmar que el dibujo base del Castilla no se modificó. Ese 4-2-3-1 inalterable que para Toril casi es santo y seña siguió siendo característico del filial madridista, si bien tuvo que evolucionar internamente para hacer frente a problemas derivados de las circunstancias externas, las cuestiones de la nueva categoría y la configuración de plantilla que no habían estado ahí en campañas anteriores.[pullquote]Ese 4-2-3-1 inalterable que para Toril casi es santo y seña siguió siendo característico del filial madridista, si bien tuvo que evolucionar internamente.[/pullquote]

Uno de los principales problemas de la temporada fue la ausencia de un delantero puro, problema inédito en la era Toril, donde siempre habíamos disfrutado de varios jugadores de garantías rotándose en el puesto. La marcha de Joselu a Alemania y la especial situación de Morata a caballo entre el Castilla y el primer equipo, dejaron al Castilla muy mermado en esa posición, con sólo Óscar Plano -más adecuado para ser segundo punta- para cubrirla.

Afortunadamente para el equipo, dos jugadores dieron el salto definitivo para imponerse y cubrir la imperiosa necesidad del gol. La explosividad de Cheryshev y la eclosión definitiva de Jesé llevaron en volandas al equipo, sobre todo en esas primeras jornadas, mientras el filial arrancaba en la nueva categoría. El hispanorruso se alzó dueño y señor de su banda, rompiendo al rival por la izquierda a base de velocidad y regate; un quebradero de cabeza constante para su par, puramente eléctrico. [pullquote]La explosividad de Cheryshev y la eclosión definitiva de Jesé llevaron en volandas al equipo.[/pullquote]

Por su parte, Jesé tuvo que aclimatarse a una función de delantero que, si bien no era nueva en su carrera, no había formado parte de su repertorio más habitual. Acostumbrado a la movilidad y los espacios de la mediapunta, por un lado le costó cultivar la faceta de rematador puro que precisaba el conjunto y por otro sufrió en el rol de falso nueve, pero acabó imponiéndose por calidad. El inmenso talento del canario no es novedad para los seguidores del fútbol base, pero éste ha sido el año de su confirmación: con 22 goles y 10 asistencias a su nombre, se ha convertido no sólo en el pichichi del equipo, si no en el máximo anotador de la historia del Castilla en Segunda, superando el récord impuesto por Butragueño.

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Esta escasez goleadora resultó aún más relevante cuando se evidenciaron ciertos problemas endémicos en defensa. El Castilla fue, durante las primeras jornadas, uno de los equipos más goleadores y el más goleado. Resultaban característicos los marcadores abultados, y el recurso a la remontada para acabar ganando el partido. Problema que podemos achacar a la configuración de plantilla y al vacío dejado por la marcha de Carvajal, hasta entonces dueño indiscutible de la banda derecha.

Su teórico sustituto, Fabinho, empezó la liga con grandes lagunas defensivas -totalmente lógicas en un jugador que acababa de aterrizar en la liga española, por otro lado-, que obligaron al otro lateral, Casado, a limitar sus habituales subidas por la banda. Retrasar a Juanfran de extremo a lateral diestro, y colocar a Nacho -cuando estaba disponible- a realizar las coberturas de esa banda fueron las soluciones adoptadas por Toril hasta que Fabinho empezó a adaptarse al rol que se le pedía. Fabinho, precisamente, ha sido uno de los jugadores más beneficiados por la mano de Toril esta temporada, consiguiendo mejorar en facetas defensivas, aumentando su concentración y rapidez en el repliegue. [pullquote]Fabinho ha sido uno de los más beneficiados por la mano de Toril esta temporada, consiguiendo mejorar en facetas defensivas, aumentando su concentración y rapidez en el repliegue.[/pullquote]

Pero si hay una zona del equipo que ha sido objeto de preocupaciones y polémicas, es el centro del campo. Ha sido la que más cambios y ajustes ha sufrido a lo largo de la temporada, aunque siempre con un denominador común: Pedro Mosquera. El gallego, a pesar de convertirse en foco de críticas exteriores tras las famosas declaraciones de Mourinho, ha continuado siendo uno de los pilares del Castilla de Toril. Metrónomo y director del equipo, su función de soporte y apoyo sigue siendo fundamental para el conjunto e importante para el crecimiento y desarrollo futbolístico de sus compañeros en la base. Es ahí donde surgen la gran mayoría de permutaciones.

[pullquote]Tres nombres destacan en este baile del mediocampo: Álex Fernández, José Rodríguez y Casemiro.[/pullquote] Tres nombres destacan en este baile del mediocampo: Álex Fernández, José Rodríguez y Casemiro. El primero, veterano ya con el filial, superó la irregularidad que le lastró la temporada pasada y se convirtió al fin en el centrocampista box to box que se esperaba de él. Su capacidad para cubrir amplias zonas de terreno, constante en presión y recuperación, y su talento para realizar transiciones rápidas hacia el ataque, le convirtieron en la pieza clave para equilibrar al equipo, achicando espacios y juntando líneas.

Para José era la primera temporada del Castilla después de pasar, en tan sólo un año, por el Juvenil B y A. Toril optó por una adaptación progresiva al equipo que se vio truncada por el ya conocido circo mediático. El rendimiento del jugador cayó en picado a partir de entonces, pasando de ser un revulsivo habitual que aportaba un plus de toque, control y creatividad al equipo, a no contar casi con minutos hasta final de temporada, cuando la nueva competencia con Casemiro pareció otorgarle brío.

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Fue Casemiro el gran beneficiado por la mala adaptación de José y la desaparición -aún no explicada- de Álex en el primer tramo de la segunda vuelta. Refuerzo de invierno, cedido con una opción de compra para el primer equipo, su falta de forma y de ritmo le lastraron en los primeros partidos, precisamente en un equipo como el Castilla que acostumbra a tener la velocidad a su favor. La insistencia en su titularidad acabó por ayudar a su adaptación: progresivamente se empezó a ver a un Casemiro que ganaba en posicionamiento, imponiéndose por físico, y que dejó algún detalle en ataque. Aun así, sus mejores minutos siguen siendo aquellos que jugó con el primer equipo, y arroja incógnitas en cuanto a su futuro en una plantilla con tanta exigencia como la del Real Madrid.

Sobre todo, hay que destacar -más allá de las individualidades- la enorme mejoría del equipo en la segunda vuelta. Tras rozar el peligro de descenso en la primera vuelta, el Castilla arrancó con nuevos bríos el segundo tramo de la temporada, recuperando poco a poco la confianza a la par que se sumaban los puntos y los goles. Recuperando, en fin, esa vocación ofensiva y efectividad goleadora que solía ser su seña de identidad. Amparados en el estado de gracia de Borja -cuyos altibajos de rendimiento en la mediapunta han influido mucho en el conjunto-, la incontestable irrupción de Jesé y la regularidad de veteranos como Juanfran o Mosquera, el Castilla volvió a actuar como un bloque desde la base hasta la punta de ataque. El gol dejó de ser un problema: a favor, volvieron las remontadas; en contra, el trabajo dio sus frutos y se mejoró notablemente en la defensa de jugadas de estrategia.

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De esa forma, en el tramo final de la temporada el Castilla volvió a ser el que recordábamos, el del juego alegre y veloz, eléctrico y ofensivo. Pero para ello hicieron falta meses de adaptación, de buscar soluciones a los problemas ya descritos, de imponerse -con inteligencia y perseverancia- a una planificación sencillamente desastrosa. La guerra, más que nunca, se libró no sólo en el campo, sino en la pizarra. En ambos escenarios, para nuestra fortuna, se acabó ganando.

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