Visiones de Segunda: El punto de apoyo para seguir la escalada

A nadie le resultaba extraño que, cuando el Castilla militaba en Segunda B, el objetivo fuera ascender. No sólo por la teórica facilidad para dar el paso al primer equipo o a la Primera División al ser un salto menor desde una liga mucho más competitiva como la categoría de plata; si no por el hambre asociado a cualquiera de los equipos que llevan el escudo del Real Madrid sobre el pecho y que exige intentar siempre estar en lo más alto.

Esta temporada, con el objetivo de llegar ya cubierto, quedaba el más difícil todavía: mantenerse. Si permanecer en una categoría superior siempre es complicado para un equipo recién ascendido, la tarea se vuelve ardua cuando se trata de un equipo con tanta juventud y rotación como un filial.
Ha sido una temporada dura, con sus altos y sus bajos, y que ha supuesto todo un proceso tanto para jugadores como para equipo técnico.

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Ahora vamos a centrarnos, no sólo en lo útil que es para el Real Madrid tener un equipo en Segunda, si no qué les ha aportado a ellos. Los inconvenientes, por supuesto, pero también las ventajas que ha traído a los jugadores del Castilla y que traerá a los que vengan en esta temporada, desde el C o el Juvenil, jugar en esta liga.

 

 

La formación

Antes de nada no podemos perder de vista que, aunque en Segunda, el Castilla sigue siendo un filial, y por tanto al objetivo de todo recién ascendido de no volver a bajar hay que aunar el de formar. El ascenso supuso un nuevo reto para casi todos los jugadores, una nueva categoría en la que nunca habían competido: sólo Borja García -fichado del Córdoba- y Mosquera -que jugó en su primera andadura en el Castilla 80 minutos- habían militado en Segunda. Este reto se repetirá este año con la marcha de varios de los jugadores que serán suplidas en su gran mayoría con jugadores provenientes de las categorías inferiores de la cantera.

A este salto de categoría, responsabilidad y competitividad para todos, que traía anejo una mayor presión con la sombra del descenso sobre ellos como una espada de Damocles desde el principio, hay que unir que para algunos jugadores también supuso un cambio de roles. La marcha de jugadores clave obligó a otros como Juanfran o Jesé a hacerse más polivalentes, algo que sólo podrá servirles en un futuro para aportar más en las líneas, dejando de tener la “dependencia” hasta ahora mostrada con jugadores con los que llevaban años y a los que se habían acostumbrado.

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A este salto cualitativo y de nivel de exigencia  vienen unidas otras enseñanzas: aprender a no dejarse influir por los factores externos, a sacar fuerzas de las derrotas, a tirar de capacidad de sufrimiento y a potenciar la exigencia  –tatuada en el espíritu del club tanto como los colores-. Estas y otras lecciones se han grabado a fuego en los castillistas actuales, lo que les ha ayudado a convertirse en jugadores más completos y maduros.  Lecciones que serán necesarias en su empeño de abrirse camino como futbolistas profesionales, ayudándoles a suavizar el periodo de adaptación cuando sea necesario dar el salto a otro equipo, otro club, ligas o divisiones.

Esta exigencia que implica jugar en la categoría de plata será algo que tendrán que afrontar los nuevos jugadores, que probablemente pasen por un proceso de aprendizaje similar al vivido por sus compañeros este año. Los veteranos se verán en una nueva tesitura: la de demostrar cuánto recuerdan de las enseñanzas aprendidas en la temporada pasada e inculcárselas a sus compañeros recién llegados, guiándoles por el campo de minas de Segunda, con el objetivo de la permanencia siempre bien visible.

 

La visibilidad en el mercado.

Es cierto que el Castilla de Toril ya era bastante mediático en su última temporada en 2ºB, pero nada comparado con lo que se ha vivido este año. La mayor visibilidad que da jugar en una liga que es televisada de forma regular en España, y en algunos casos en otros países –cadenas como Al Jazzeera en países árabes o Sky Sportsen México, emiten algunos partidos de Segunda, cosa que no ocurría en Segunda B-, permite a los jugadores darse a conocer, teniendo el escaparate perfecto para ello incluso fuera de nuestras fronteras, cosa que era a priori impensable en la categoría de cobre. Este mayor reconocimiento mediático permite la llegada de ojeadores de forma más fácil, de que entrenadores se animen a fichar a ese jugador al que se han enfrentado y han visto jugar de primera mano. O incluso, que en un equipo  que tradicionalmente ha tenido mucha rotación de entrenadores como el Real Madrid, el míster se anime a darle minutos a algunos de esos chavales ya curtidos en batirse el cobre ante equipos históricos y en algunos casos recién descendidos de Primera.  En cualquier caso toda esta visibilidad puede ser otra manera de darse a conocer, tanto dentro como fuera, pudiendo buscar el hueco que podrían no tener en el club.

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La otra cara de esta visibilidad es la fama y la presión mediática.  No sólo han tenido que aprender a moverse siendo jugadores más conocidos tanto dentro como fuera del país -algo que puede resultar anecdótico si lo comparamos con los futbolistas del primer equipo-, sino que los jugadores de este Castilla se han visto expuestos a un cursillo acelerado de qué significa la presión en un club como el Real Madrid: polémicas, todos sus movimientos diseccionados, mezcla de asuntos deportivos y extradeportivos… Cosas que hasta ahora, arropados por unas circunstancias que hacía que La Fábrica no fuera “noticia”, les había hecho estar protegido de la parte mala de estar en boca de todos.

No sólo los jugadores: el equipo técnico también ha tenido que aprender a enfrentarse a una presión desacostumbrada, a ver cuestionadas y debatidas sus decisiones por terceros, aprendiendo a seguir y a motivar a sus jugadores para que se aislaran de las turbulentas circunstancias, sin perder de vista el objetivo de ganar los partidos.[pullquote]La necesidad de crecer para afrontar los retos dentro y fuera del campo obliga a los castillistas -actuales y próximas incorporaciones- a convertirse en jugadores más formados y maduros; más preparados para dar el salto a otros equipos o ligas[/pullquote]

Aunque esta temporada que empieza pueda esperarse algo menos turbulenta, como mínimo los que suban vivirán los miniclásicos, escenario perfecto para que los nuevos castillistas se doctoren en el tipo de circo mediático que rodea a muchos equipos, primer equipo incluido.

 

La Selección.

Una mayor experiencia, exigencia y visibilidad pueden conllevar también un último premio: una llamada de la selección. En una competición tan brutal como la que se da en conseguir un hueco para representar al país, especialmente según se va ascendiendo de categoría, tener el bonus de jugar en una de las dos ligas profesionales puede significar la diferencia entre ser llamado o no, especialmente en el caso de la sub21. De hecho,  ha sido estampa más o menos habitual ver a un jugador de La Fábrica pasar a ser convocado cuando fichaba por un equipo de Primera, aunque aún no le hubiera dado tiempo a adaptarse y notar los cambios del salto de categoría.

 

Por tanto,  la presencia del Castilla en Segunda con el aprendizaje y reconocimiento que conlleva, puede traer pareja  una convocatoria dentro de la sub20 o sub21, arrastrando tras ellos también al C y sus jugadores. Es pronto para hablar de si se ha dado este cambio o no. Las convocatorias de Nacho y Morata con la sub21 pueden alegarse a la situación a caballo entre Castilla y primer equipo de estos jugadores. La convocatoria Jesé y Derik, junto con Llorente y Yáñez, con la sub20 puede deberse a unas reglas menos extremas o a que por fin se ha franqueado la última barrera. Habrá que esperar a las siguientes convocatorias para ver si sólo ha sido una coincidencia.

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Este año en Segunda ha sido todo un máster, tanto para el cuerpo técnico como para jugadores: se ha madurado al ritmo vertiginoso que exige este deporte y se ha conseguido el primer objetivo de la permanencia. Los que vengan a sustituir a los que se marchan tienen el camino un poco más allanado: tendrán a sus compañeros veteranos y a un cuerpo técnico que ya sabe lo que es bregar en las lides de Segunda. Estarán preparados para amortiguar los errores de novato, ayudándoles en el camino compartido de mantener al Castilla para que todos –ellos y los que vengan después- puedan seguir usándolo como punto de apoyo para seguir en esa escalada que es el fútbol profesional.

Imágenes: RealMadrid.com, Vaulner, Fanni, L’equipe

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