Morata o la gestión perfecta.

Lo dije en cuando se conoció la titularidad de Álvaro Morata frente al FC Barcelona. La consolidación de Morata es un éxito que deberían apuntarse en su currículum todos los responsables de su trayectoria, desde Juvenil C al primer equipo. Desde el tipo que lo fichó hasta el propio José Mourinho -pasando por todos los entrenadores de cantera que le han ido moldeando-, y culminando en el propio chaval, que siempre mantuvo la cabeza fría y jamás se dejó atraer por los cantos de sirena que llegaban de otros equipos. Todos y cada uno de ellos han desempeñado su papel de forma absolutamente perfecta. Falta por ver si Morata acaba derivando en Portillo o en Callejón; de momento, ya es el mayor éxito de la cantera en muchos años.

Todo eso lo decíamos antes de ver el partido, y antes de que para la web WhoScored Morata se convirtiera en el MVP. Por aquí no seríamos tan atrevidas, pero es indiscutible que el canterano se reveló como uno de los mejores del encuentro, tras una asistencia y noventa minutos en los que fue una pesadilla para la defensa culé. A Morata le faltó el gol, como casi siempre, porque el gol no es la mejor virtud de este delantero que siempre jugó para hacer lucirse al equipo, no para lucirse él. Detalle que muchos entendidos no entendieron, pero sí Mourinho, quien había visto más partidos del Castilla él solo que todos ellos juntos. A su gestión perfecta de un joven talento se debe, en gran parte, lo que se vio en el Bernabéu. Un chaval de veinte años trayendo loca a la defensa titular de todo un Barcelona.

Y es que con Morata se ha hecho todo tan bien que deberían escribir los pasos que se han dado hasta su irrupción en el primer equipo y editarlo como manual de cabecera para usar en la cantera. Después de explotar definitivamente en el Castilla, recordémoslo, Morata fue sometido a una rigurosa prueba de carácter que terminó de convertir al chico en hombre. De la misma forma que cuando era aún un juvenil lo mandaron a curtirse con el Real Madrid C en Tercera División, la temporada pasada Álvaro tuvo que hacer frente a un doble reto planteado por sus dos entrenadores, el del primer equipo y el del Castilla: un cambio de posición que no resultó nada fácil, en el marco de una temporada donde apenas asomó por las convocatorias del Real Madrid. Una prueba de fuego para un chaval que veía cómo alguno de los jugadores que habían descollado, como él, en el Real Madrid Castilla de la temporada pasada debutaban –unos con más gloria que otros- en Primera División.

Superó la prueba.

Los inicios de temporada no fueron fáciles. Coincidió además con un formidable estado de gracia del otro delantero de la plantilla, Joselu, cuyos registros goleadores le colocaron como el indiscutible pichichi durante toda la campaña. Morata fue relegado a la banda y obligado a aprender a marchas forzadas, reinterpretando su papel en el Castilla. De ser el delantero que marcaba los goles, pasó a regalarlos. Cedió el protagonismo a otros y se doctoró en trabajo sucio, ése que apenas se ve en los resúmenes y que nadie menciona en las crónicas. Esa tarea ingrata de estar donde el equipo lo necesita, de primar el brillo de los compañeros al tuyo propio, de alejarte de tu territorio natural para defender, y ver desde lejos cómo son otros los que cazan los goles que caen a quien espera cerca de los tres palos.

[pullquote]En la pasada campaña, Morata se mostró como un jugador comprometido y polivalente, características que convencieron a Mou para ascenderle a la primera plantilla.[/pullquote]

Morata hizo todo eso que el entrenador valora pero el aficionado ignora, y por eso le llovieron críticas feroces mientras ejercía como uno de esos jugadores invisibles que sostienen al equipo. El invento de la prensa, decían algunos. Estancado, era la palabra más amable. Aquí publicamos un artículo sobre su supuesto estancamiento, por cierto, intentando bucear más allá de los números: descubrir al enorme jugador que se estaba formando independientemente de las estadísticas.

Morata no lo tuvo fácil, pero trabajó y siguió trabajando, marcó dos goles en la fase de ascenso y encaró el verano como siempre lo había hecho: con la única idea de jugar en el Real Madrid. No se le escuchó quejarse jamás y nunca culpó a nadie de sus errores más que a sí mismo. Aconsejado por un entorno muy estable y por uno de esos escasos padres que no parecen querer torpedear la carrera de sus propios hijos, Morata pareció tomar buena nota de cómo les había ido a sus antiguos compañeros de filial. Sarabia había sido uno de los líderes de aquel Castilla y dinamitó su progresión forzando su salida a un Getafe en el que Luis García jamás parece haberle contemplado como opción. Juan Carlos, plenamente maduro y preparado para el reto, eligió un equipo abrumado por una difícil situación económica y tuvo que esperar a llegar al Betis para volver a ser aquel galgo de la banda, pletórico y desbordante. Fuera por eso o porque Morata, sencillamente, tenía entre ceja y ceja el único objetivo de derribar la puerta, pasó con nota todas las pruebas que se le presentaron. Mou, que nunca le quitó el ojo de encima, primó su polivalencia y su capacidad de sacrificio –mérito, por cierto, de un Toril que prefirió ejercer de formador antes que escuchar las voces que le pedían que eligiera a uno de los dos delanteros- por encima de los registros goleadores, ofreciéndole la oportunidad de ganarse un puesto en el primer equipo.

[pullquote]Ejemplo de lo que debe ser un canterano, jamás ha dicho una palabra más alta que otra y muestra un afán descomunal por pulir sus propios errores. [/pullquote]

Como digo, aún no sabemos si lo conseguirá. Lo que hemos visto, hasta el momento, son destellos de un jugador que aún tiene que pelear muy duro para conseguir desbancar a alguno de sus compañeros. O incluso hacerse un hueco en el banquillo. Su ex militancia rojiblanca ha hecho que inevitablemente se vea comparado con Raúl, pero Álvaro debe trabajar, de momento, para ser un Callejón. Y lo hace, poniendo la misma intensidad en un Clásico que en un partido de Segunda con el Castilla; jugando con el mismo brío frente al Villarreal en el Di Stéfano que en sus diez minutos triunfales en el Ciudad de Valencia. Y sin dar, jamás, una palabra a la prensa que pueda ser utilizada para atacar a su equipo, a sus compañeros o a su entrenador.

Tras tantos años, es inevitable acordarse de todas las promesas que se quedaron en nada. Unos porque no les daba el talento, desinflándose al enfrentarse a un reto mayor. Otros, por lesiones –no hace falta que dé el ejemplo en el que todos estamos pensando-. Y algunos, sencillamente, porque tomaron una mala decisión y salieron del club a medio formar, sin cuerpo ni empaque para aguantar la dureza de una liga mucho más exigente. También es inevitable que nos planteemos cuántos jugadores actuales se quedarán por el camino; si ese juvenil que tanto nos ilusiona llegará o no, o caerá víctima de un representante dañino y/o su propio ego.

Tanto si Morata lo consigue o como si no lo consigue; tanto si acaba convirtiéndose en un refuerzo para su club como si inicia una carrera fuera, manteniéndose a un buen nivel como un Soldado o cayendo en el olvido como un Portillo. Ocurra una cosa o la otra, su ejemplo debería ser paseado frente a las narices de otros canteranos, para que todos sepan qué es lo que hay que hacer. No para tirar la puerta, sino para que te den la oportunidad de hacerlo; no para ser un ídolo, sino para ayudar al equipo que te ha formado. Que le pongan de ejemplo, a él y a todas las personas que lo han hecho posible. Los que le han colocado de titular en un Madrid de suplentes que ganó a un Barça titular. Un peldaño más en la escalera –pero no el último- en una gestión absolutamente perfecta.

 Imágenes: Realmadrid.com, Gettymages.

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Una respuesta a Morata o la gestión perfecta.

  1. Mario Ortega dijo:

    No puedo estar mas de acuerdo contigo. Has sabido interpretar todos esos movimientos de Mou o Toril con este jugador, mas alla de las criticas. Espero que Morata se convierta en lo que un dia llego a ser Raul. En serio, chapeau!

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