SD Ponferradina 2 – 0 Real Madrid Castilla || Mala suerte y buen hacer

El Castilla enfrentaba el asalto al Toralín avalado por la línea ascendente que, salvo algún tropiezo esporádico, le alejaba paso a paso de los puestos de descenso y le acercaba, a su vez, al objetivo de la salvación. No por ello se preveía una gesta fácil de llevar a cabo: la Ponferradina traía consigo su propia buena racha de resultados en casa, donde han hecho de su estadio un fortín del que escapan pocos puntos. Con esa premisa y sobre el más bien pobre césped del Toralín se jugó el partido de hoy, que nos dejaría un sabor amargo tras el pitido final.

Y es que el Castilla pudo hacer más, pero su mala suerte y el buen hacer del rival se cruzaron en el camino.

La misma alineación introdujo los primeros cambios. Tras unas jornadas empezando en el banquillo, Álex Fernández volvía al XI inicial, aunque la presencia de Casemiro y Mosquera y la ausencia del mediapunta habitual indicaban que lo haría en una posición más adelantada. Atrás vimos de nuevo a Juanfran en el lateral derecho, mientras que fue Mateos el elegido para formar junto a Nacho en el eje de la zaga. Las bandas en ataque recayeron una vez más en Jesé y Cheryshev, mientras que la referencia arriba la marcó Óscar Plano. De primeras parecía una alineación sólida, destinada a apuntalar el centro del campo y construir desde ahí; pero el destino quiso que el partido no discurriera por ese camino.

A los pocos minutos del arranque ya se podía ver que el partido iba a ser de ida y vuelta: transiciones rápidas, avanzando muchos metros de golpe, con muy poca o ninguna presencia de los que habitualmente llevan la sala de máquinas. El centro del campo perdía protagonismo a marchas forzadas, y el balón no pasaba demasiado tiempo en un campo u otro.

A pesar del impuesto cambio de planes, las cosas no empezaron mal para el conjunto visitante. Cuando se trata de correr, el Castilla cuenta con galgos de sobra en ataque para buscar la jugada por banda, y por ahí intentó redirigir el partido. Con Mosquera partiendo de una posición más retrasada de lo habitual -ejerciendo de ancla, iniciando las jugadas casi desde la defensa y siendo un apoyo para ambas líneas. De este modo, Casemiro es libre de moverse por delante-, su labor de lanzador abrió el campo hacia las bandas, buscando enlazar con Jesé y, sobre todo, con Denis -que estuvo muy activo-. Álex también apareció entrando desde segunda línea, y una de las primeras ocasiones del encuentro vino de sus botas.

Por su parte, la Ponferradina tuvo siempre muy claro lo que tenía que hacer. Mientras el Castilla salió enchufado y buscaba el control del balón, los locales se apoyaron en una buena defensa y transiciones rápidas a la contra, sin perder pie ni terreno. Fue en una de estas jugadas cuando el primer golpe de mala suerte condicionó al Castilla: centro al área de la Ponferradina y despeje de Mateos que rebota en Mosquera. Nada pudo hacer Mejías para evitar el gol en propia meta de su compañero, que adelantó al rival en el 27′.

El conjunto madridista no se dejó amilanar, y reaccionó con un potente libre directo de Casado y un arreón que, durante unos minutos, hizo que el empate sobrevolara el Toralín. Sin embargo, las aguas no tardaron en volver a su cauce: sin prisa pero sin pausa, la Ponferradina se acomodó sobre el campo, controlando los tempos con y sin balón. Mientras el Castilla se diluía, voluntarioso pero inefectivo, los locales avanzaron metros y se acercaron peligrosamente al área de Mejías, jugando sus mejores minutos en todo el partido. Cómodos sobre el campo, presionando a un conjunto blanco que sufría para enlazar y finalizar jugadas.

Tras la reanudación, la Ponferradina siguió presionando su ventaja. Tanto la defensa -la dupla Nacho-Juanfran tuvo buenas intervenciones cerrando por la derecha- como Mejías tuvieron trabajo frenando a los locales, pero con el marcador en contra Toril reaccionó pronto para intentar desequilibrar la balanza hacia el lado madridista. Con la entrada en el 55′ de Borja por Óscar Plano y, sobre todo Lucas por Mosquera,  se buscó dar ese último empuje ofensivo al Castilla para firmar la remontada. Reorganizado el equipo -Álex al doble pivote con Casemiro, liberando la mediapunta para Borja. Jesé en punta y Lucas en banda derecha-, se vieron entonces los mejores minutos del conjunto blanco: aguantando más el balón, aprovechando la frescura del 7 en la diestra y las internadas de Denis por la izquierda; generando ocasiones y amenazando con el empate.

Pero, como ya lamentamos en su momento, hoy no iba a ser el día del Castilla. El impulso proporcionado por los cambios acabó por difuminarse contra la defensa local, que se convirtió en un hueso demasiado duro de roer. Frustrados al no encontrar el hueco, los blancos acabaron por perder su efímero control del partido. Éste recayó de nuevo en manos de la Ponferradina, que abogó por abrir el partido y responder a cada ocasión blanca con un susto a la contra. Así, en un segundo -y mortal- golpe de mala suerte, la Ponferradina aprovechó el fallo de Nacho -hoy, inusualmente irregular- para romper la defensa y plantarse ante Mejías, que detuvo el primer disparo pero no pudo con el rechace cazado por Lafuente. 76′ de partido y los visitantes volvían a pagar demasiado caro un despiste puntual.

Con el panorama muy cuesta arriba para el Castilla y la remontada cada vez más lejana, la Ponferradina siguió llevando los tempos y buscó anestesiar el partido: bajando revoluciones ellos, midiendo esfuerzos, mientras los madridistas tiraban de pundonor y orgullo para seguir intentando tumbar a un rival que casi siempre les tuvo justo donde quiso.

Así, los locales se salieron con la suya y consiguieron que los tres puntos se quedaran en el Toralín, mientras que el Castilla llegó al final del encuentro con el regusto amargo de saber que pudo haber sacado renta de sus ocasiones. Pero es que cuando tienes en contra tanto a la mala suerte como a un planteamiento muy acertado del rival, poco se puede hacer.

A pesar del resultado y de que no fue un partido brillante de los nuestros, es de admirar que no bajaran los brazos y se dejaran llevar por la circunstancia. Se luchó hasta el final, con esa actitud tan típicamente madridista de no rendirse. Con actitud y trabajo, los tropiezos quedarán atrás y el equipo seguirá progresando hacia su objetivo. Confiemos en que, mientras se hagan las cosas bien, los resultados llegarán. Ya se sabe: todos con el Castilla, en las buenas y en las malas.

Imágenes: ElBierzoDigital.com

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