CE Sabadell 3 – 1 Real Madrid Castilla || (In)eficacia en tres líneas

Con dos victorias consecutivas a sus espaldas y el consiguiente empujón moral y hacia arriba en la tabla -en permanente huida de unos puestos de descenso que nunca parecen estar lo bastante lejos-, el Castilla se presentaba con hambre de más en casa del Sabadell. Cierto es que el regusto que había dejado el anterior partido ante el Xerez había sido agridulce: bueno por seguir sumando de tres en tres, más en un partido que en otras ocasiones habíamos perdido; malo porque el equipo estuvo lejos de su mejor versión, lo que hacía imposible predecir qué cara veríamos en el encuentro de hoy.

La única pista clara no ayudaba a disipar las dudas, precisamente. Se hablaba de una más que posible titularidad del recién llegado Casemiro, lo que provocó tanta curiosidad como desazón. Por un lado, se quería ver en acción al nuevo fichaje, que cruzó el charco con vitola de estrella; por el otro, preocupaba el rendimiento del tan discutido centro del campo castillista al dejar a Álex Fernández, uno de sus pilares, de nuevo en el banquillo.

Pero al final el debut de Casemiro se quedó en una anécdota más de un partido que, pese al trabajo y buenas intenciones de los nuestros, siguió las pautas dispuestas por el rival. Un Sabadell que supo marcar los tempos, aprovechar nuestras carencias e imponer su planteamiento: sencillo, pero eficaz. Justo lo que le faltó al conjunto madridista.

Y es que pese a lo que se pudiera pensar viendo únicamente las jugadas de los goles locales o sus ocasiones de peligro -casi todas a la contra-, el partido no fue de esos de ida y vuelta y ritmo vertiginoso. Su comienzo lento, disputado en los alrededores del círculo central, apuntaba a encuentro de cocción larga, de construcción paciente en la zona del mediocampo y combinación hacia arriba. Ahí empezó a despuntar el Castilla, ganando los primeros balones y discurriendo rápido por banda, buscando sorprender y romper por velocidad la línea defensiva rival.

Un espejismo que duró poco más que hasta el tempranero gol del Sabadell. Los nuestros tenían el balón, parecían llevar el control del partido, pero el rival esperó pacientemente su momento a la contra y no perdonó el error de la defensa castillista. Con el partido cuesta arriba pero muchos minutos aún por delante para buscar la remontada, el filial no se achantó y siguió persiguiendo el gol. Avanzando metros a la carrera, buscando siempre pisar área rival. Pero fue entonces cuando se empezó a ver el deshilachado por las costuras.

[pullquote]La falta de una referencia fija arriba sigue lastrando al Castilla.[/pullquote]El cuarteto de ataque, otros días tan entonado e incisivo, no terminaba de carburar. Faltos de continuidad en las jugadas, escasos de ideas, toscos en la combinación o, sencillamente, desaparecidos, no consiguieron concretar ni llevar casi auténtico peligro a pesar de las ocasiones generadas. Se echó mucho en falta al normalmente regular y arrollador Juanfran -al que casi ni vimos-, y los ocasionales destellos de Jesé y Denis distaron del rendimiento habitual de los dos máximos goleadores del equipo. Sólo Borja -voluntarioso como todos pero entonado como nadie- llegó a poner en verdaderos aprietos a la defensa rival, ya fuera como rematador o como generador de juego desde la línea de tres cuartos. Él fue la pieza angular de un frente de ataque que se tuvo a sí mismo como peor enemigo.

Aunque no todo fue cosa de la inefectividad de la línea más adelantada del equipo: los problemas venían también desde atrás.

[pullquote]¿Minutos para que Casemiro se adapte? Sí, siempre que no perjudiquen al rendimiento global del equipo. Poco a poco.[/pullquote]Casemiro fue, efectivamente, titular; y, efectivamente, fue demasiada responsabilidad, demasiado pronto. Sería prematuro juzgarle únicamente por su actuación de hoy -al fin y al cabo, es muy probable que parte de su mal rendimiento se deba a la falta de adaptación al estilo de juego y a sus compañeros-, pero ponerle a jugar de inicio y arriesgarse a debilitar una zona tan importante del equipo por probarle no dio buenos resultados. Lento en el desplazamiento y la toma de decisiones, descolgado del doble pivote y fallando pases fáciles, fue más un impedimento que una ayuda para Mosquera. A éste último le tocó trabajar por dos, recuperando balones y apagando incendios aquí y allá; muy solo delante de la defensa mientras el brasileño tendía hacia arriba y se pisaba con Borja en la mediapunta. Un panorama que no podía ofrecer la regularidad y solidez de una buena base sobre la que construir el ataque.

Pero si bien las carencias por arriba nos alejaron del gol y, finalmente, de la remontada, fueron los errores atrás los que terminaron por sangrar al Castilla.

Mientras el filial luchaba consigo mismo por reorganizarse y activarse, el Sabadell seguía persiguiendo cada contra con mucho más acierto que su rival. Llegando a ratos mucho y a ratos poco, pero casi siempre con peligro. Mejías tuvo bastante trabajo y salvó más de un gol, al igual que una defensa castillista que, sin embargo, vivió una tarde de claroscuros. Por cada jugada cortada por Nacho a base de anticipación, cada buena cobertura de Iván o Casado o cada internada con peligro de Fabinho por banda, el Sabadell se cobró cada error defensivo conjunto con precisión casi milimétrica. Si habitualmente el equipo sufre por la derecha, hoy falló el cierre en la izquierda, donde tanto Nacho como sobre todo Casado, normalmente impecables, cometieron algún que otro error de bulto del que el rival consiguió sacar petróleo. Un mal día lo tiene cualquiera y no por ello hay que dudar de jugadores que suelen ser la regularidad personificada, pero la lectura es preocupante: cuando los que nunca fallan no están, la línea de atrás se derrumba.

Así fue que el Castilla llegó al descanso con la engañosa sensación de tener el balón y el gol al alcance de la mano, pero muchas dudas detrás. Y aunque salieron dispuestos a perseguir la remontada, el Sabadell volvió a golpear primero, poniendo el 2-0 al poco de comenzar la segunda parte tras una jugada clavada a la del primer tanto. Un duro palo a la moral del equipo madridista, que sufrió ante el consecuente arreón de los locales.

La reacción de Toril no se hizo esperar: el doble cambio sacó del campo a unos inoperantes Casemiro y Juanfran, dando entrada a Lucas y Óscar Plano. Intercambio de piezas ofensivo que individualmente mejoró al equipo -Lucas salió enchufadísimo, reactivando la banda derecha junto a Fabinho; Plano marcaría el único tanto castillista, de un zapatazo lejano a pase de Jesé-, pero que desequilibró aún más al conjunto. Con la defensa completa pero un centrocampista menos, Borja -que había sido el mejor de la primera mitad- tuvo que retrasar su posición para apoyar a Mosquera, lo que debilitó aún más un ataque ya de por sí endeble.

A pesar de los cambios y el posterior golazo de Plano, la alegría duró poco: Aníbal, que empieza a adquirir tintes de bestia negra castillista, anotó el tercero para el Sabadell poco después, el segundo en su cuenta personal. Y ahí murieron las esperanzas madridistas. El último cambio, que sustituyó a Iván por Álex para reforzar desde el centro y apoyar la salida del ataque, llegó demasiado tarde: el partido estaba ya decidido.

Dejando a un lado el mal juego del equipo y la derrota -a mejorar lo primero y aprender de lo segundo-, hay algo que no puedo -no debo- dejar de mencionar. Igual que he sacado a colación los errores del conjunto y los destellos individuales aquí y allá, también hay que hablar de la actitud del Castilla. Porque hoy no ha sido su día, el partido se les puso muy pronto cuesta arriba y no fueron capaces de sobreponerse, pero tampoco dejaron de intentarlo. A pesar de que el juego no acompañó no bajaron los brazos, y remaron contracorriente -contra ellos mismos, incluso- hasta el pitido final. Quizá para muchos esto no cuente, pero en mi opinión es importante: la efectividad y demás son cuestión de trabajo, pero para seguir siempre adelante hay que tener corazón. Y si el espíritu acompaña, confío en que saldremos de esta.

Imágenes: RealMadrid.com

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