Real Madrid Castilla 2 – UD Almería 1 || El triunfo de los valientes.

Hay un runrún que siempre levanta vientos de guerra en el normalmente pacífico estadio Alfredo Di Stéfano. Es el runrún de la injusticia. Es ese sentimiento, reconocible para cualquier aficionado al fútbol que se precie, de que el colegiado de turno ha venido a tu casa a reírse en tu puñetera cara. De que el equipo rival viene a cortar el juego con continuas faltas, piscinazos y provocaciones, más que a demostrar por qué ocupa la segunda posición de la tabla de Segunda División. Es una situación que apabullaría a otros equipos -sobre todo tan inexpertos-, pero que al Castilla le invita a la épica y a la gesta; a eso que coloquialmente se llama callar bocas.

Porque está en el haber del Real Madrid Castilla huir de la calma y sobresalir entre las aguas más agitadas. Porque está en el ser madridista esa innata rebeldía frente a lo que viene impuesto desde fuera. No nos querían arriba y ahora nos intentan bajar. Pero si lo hacen, tendrán que aplastarnos de forma contundente la cabeza; en caso contrario, nos encontrarán peleando hasta el último hálito de vida.

Hecha la pertinente introducción -con dedicatoria especial a la RFEF y sus celebradas 50 sombras– vamos al partido. En puestos de descenso se presentaba el Castilla con la acuciante necesidad de ganar y la baja por sanción de dos de sus hombres más importantes, los hermanos Fernández. Ante tales ausencias, Toril hizo lo que nadie pensaba que haría y dejó a José Rodríguez en el banquillo para dar entrada en el XI inicial a Omar Mascarell. Brillante movimiento del técnico cordobés, que colocó junto a Mosquera a un renacido Omar en lugar de un José más propicio, por su inexperiencia, a sufrir frente a equipos como el Almería. La jugada no pudo salirle mejor. Del resto, los habituales, destacando a Juanfran en el lateral derecho, dejando a Fabinho en el banquillo.

[pullquote]Toril apostó por Omar Mascarell en el doble pivote con Mosquera, y no se equivocó. Omar se doctoró frente al Almería, aportando solidaridad y garra al centro del campo.[/pullquote]

El partido empezó muy bien para el Castilla, que antes del primer minuto ya asustó con una llegada de Cheryshev, muy activo durante todo el encuentro. Desde los primeros compases se veía que éste sería el encuentro de Jesé, sencillamente descomunal de principio a fin, y que convirtió su banda en una autopista. La presión de los chavales era altísima, recuperando rápido el balón, esperando al rival en la zona de tres cuartos. Magnífica labor en este sentido la de la pareja de mediocentros.

Nadie sabe qué habría pasado de haber continuado así el partido. Si los chavales hubieran marcado el primer tanto, o si, por contra, se hubieran desinflado a lo largo del encuentro. No tenemos forma de saberlo porque en el minuto 6 el señor árbitro señaló como penalti un escandaloso piscinazo de Charles -el mismo futbolista que dijo que los filiales desvirtuaban la competición- que habría merecido amarilla para el propio jugador rojiblanco. No hubo milagro de Mejías. Un injusto 0-1 subió al marcador.

En los siguientes minutos, los cada vez más enervados aficionados del Castilla tenían que contemplar cómo los jugadores del Almería cortaban el juego con continuas faltas que no eran sancionadas, en un doble rasero arbitral escandaloso, amén de desarrollar una curiosa afición para rodar fulminados por el suelo, levantándose como Lázaro, eso sí, en cuanto uno de nuestros jugadores enviaba la pelota fuera.

Ante esas artimañas, el filial se mostraba aturdido e inseguro; sin embargo, el equipo poco a poco se fue sobreponiendo. En la tempestad provocada por el penalti inexistente y las numerosas faltas no señaladas -la normalmente tranquila grada del EADS estaba enfervorizada antes del minuto 20- el Castilla encontró su camino: su modo y su estilo de vida. Y allí sobresalió, sacando provecho de las adversidades. Puro orgullo.

En el minuto 25, se producía el empate: una falta botada maravillosamente por Mosquera, llega tras un rechace a Jesé, que hace el que seguramente sea uno de los goles de la jornada en Segunda. El Castilla sacaba petróleo de un tipo de jugadas en las que generalmente es inofensivo, y no sería la primera vez. Se puede decir que el filial afiló las armas mientras el Almería decepcionaba planteando un juego basado en entorpecer.

Es momento de señalar a Cheryshev, absolutamente incisivo, agotador para su par, creando peligro en cada jugada. A Omar, siempre atento, siempre solidario, peleándose tras cada balón. A Mosquera y su inteligencia, siendo siempre el punto de equilibrio que dirige silenciosamente al equipo. Al siempre presente Casado. O a Borja, extraordinario Borja, que se mueve entre líneas dejando detalles de crack al que aún no se le vislumbra el techo.

Sin embargo el partido fue de dos hombres: Jesé y Juanfran. El primero volvía tras su sanción -injusta- frente al Villarreal, y de qué forma. El segundo empezó de lateral derecho y acabó de extremo, y en ambas labores estuvo absolutamente impecable, destacando quizá su sobria faceta defensiva que tantos quebraderos de cabeza nos evitó. Se llevó la ovación de su público, el del Di Stéfano: el que le otorga el reconocimiento que tradicionalmente se le ha negado tanto. Digno portador del brazalete.

[pullquote]Jesé y Juanfran fueron, sin lugar a dudas, los mejores del partido. El segundo, al ser sustituido, se llevó una merecida y clamorosa ovación por parte del estadio.[/pullquote]

La segunda parte fue el final de la historia que todos esperábamos, en un día en el que -por fin- ganó quien puso sobre la mesa la mejor propuesta, la más valiente y la más honrada. En ningún momento, realmente, dio el Almería la sensación de ser superior al Real Madrid Castilla, algo extraño teniendo en cuenta que se enfrentaba un equipo en playoffs de ascenso contra otro en descenso. Con paciencia y con calma, fue elaborando el filial sus jugadas, mereciendo anticipar una remontada que murió en varias ocasiones en los guantes de un sensacional Esteban.

Ocurrió en el minuto 67. Mosquera envía uno de sus balones precisos, elevándolo por encima de la cabeza de los rivales. Jesé lo recoge, internándose en el área para desesperación de los defensas del Almería, dejándolo para que lo cace Morata en un disparo sencillamente inapelable, de los que destruyen redes. El incómodo filial que está en Segunda le había ganado al firme candidato a subir a Primera. No hablen de la justicia del fútbol ni esas cosas propias de culés: hablen del inmenso valor y orgullo de los chicos del Madrid Castilla.

Poco antes del gol, Toril había retirado a Cheryshev del campo para dar entrada a Fabinho, en un cambio muy discutido que se reveló acertado. Como todos los demás. Hoy el entrenador cordobés recuperó sus buenas sensaciones con los cambios, esa habilidad especial para apuntalar al equipo o darle la chispa de atrevimiento necesaria. Tanto él como sus chicos controlaron perfectamente los tiempos, dando una lección de veteranía en las narices de un veterano. Salvo alguna jugada peligrosa, los nervios vinieron más de las ansias por vernos fuera del descenso que por lo que se veía sobre el campo. Esta vez no hubo sorpresas en el último minuto, aunque a punto estuvo. En ese caso nos habríamos acordado del penalti inexistente, pero afortunadamente no hizo falta: cuando el señor árbitro pitó el final, los 3 puntos se quedaron con su legítimo dueño. En el estadio Alfredo Di Stéfano.

Buen partido del Castilla que confirma una buena racha ascendente que debe ir traduciéndose, poco a poco, en resultados. Veremos cómo afecta la llegada de Casemiro al equilibrio que Toril parece haber encontrado en su equipo; veremos si Morata y Nacho juegan más en el filial que con los de Mou. Veremos, en definitiva, si el equipo logra sobreponerse a sus errores y traducir su calidad y su talento en puntos que nos permitan volver a respirar.

Y veremos -seguro que sí- si contra nuestro equipo vuelven a perfilarse esas sombras a las que les parece tan ofensivo que un filial compita dignamente en la categoría de plata. Esperemos que reciban la misma contundente respuesta que les han dado hoy nuestros heroicos jugadores: si morimos, será en pie. Porque los valientes del Castilla no se rinden. Ni se rendirán jamás.

Imágenes: Realmadrid.com

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