Barça B 3 – 1 Castilla | Cuando la derrota no es el mayor de los males

Cuando a alguna de mis compañeras o a mí misma nos toca hacer las crónicas de este tipo de partidos, amargos por necesidad y con el agridulce sabor de quienes no han dado más porque no les han dejado, es necesario buscar en las palabras de otros la forma de expresar toda la rabia de una manera adecuada. En este día de bilis en la garganta y palabras punzantes pujando por salir, yo elijo al político ateniense Esquines cuando dijo:  La derrota en la guerra no es el mayor de los males, salvo cuando la inflige un enemigo indigno.

Para ser justos y fieles a la realidad, nos enfrentábamos en este esperadísimo -entre morbosos y espectadores de un solo partido del filial al año- encuentro entre filiales sin prever un resultado especialmente positivo. Más allá de la pátula del miniclásico y de su manera de explotarlo en los medios, este no era más que otro partido en donde el Castilla continúa jugándose la vida y la permanencia frente a un rival más o menos asentado en mitad de la tabla. Llegar con las bajas de Mateos y, sobre todo y especialmente, del pichichi Jesé no alentaba precisamente los ánimos, a pesar de la mejoría global que el equipo ha experimentado desde que empezó el año.

Sin embargo, el Castilla se plantó en el Miniestadi con el XI de gala, dos refuerzos de lujo -Nacho y Morata- y un Borja en estado de gracia -el mejor fichaje de este año- para suplir a Jesé. El planteamieto de Toril fue perfecto desde el minuto uno y consiguió, durante toda la primera parte, ahogar al Barça en su área: con unas líneas de presión altísimas, el Barça B se veía incapaz de sacar el balón jugado, viéndose también asfixiado por los laterales donde unos Casado y Fabinho con ordenes precisas dificultaron cualquier intento de aproximación a la meta blanca.

La auténtica batalla se libró, una vez más, en el centro del campo. Con Mosquera como un perfecto organizador -apoyado en todo momento por un Nacho que no sólo es un seguro atrás, si no la base sobre la que se cimenta el resto del equipo- al que se sumó un Álex impecable recorriendo todo el campo y robando todos los balones posibles.

Y las pocas ocasiones en las que los jugadores del Barça B pudieron escabullirse entre las apretadas líneas del Castilla -con un Nacho imperial, unos más que correctos Iván y Fabinho y un Jorge Casado que una vez más, y ya van unas cuantas, consiguió anular a Deulofeu-, se encontraron con un prodigioso Tomás Mejías que definitivamente ha recuperado la forma de antaño, creciéndose en partidos de enjundia para dar su mejor imagen, con varias manos salvadoras.

El gol no llegaría hasta el minuto 35, en un ejemplo más de trabajo paciente y cuidadoso que tras un pase perfecto de un Juanfran con nervios de acero que remataría Morata de cabeza tras deshacerse él solo de toda la defensa rival. Este gol sólo sería el colofón a un partido trabajado y muy organizado, perfectamente planteado y ejecutado desde su inicio.

El problema llegaría en la segunda parte. El cansancio comenzaba a hacer mella en un Castilla que, a pesar de todo, continuaba ejerciendo correctamente el trabajo de presión y bloqueo contra un Barça B que salió revolucionado y mucho más metido en el partido. Pero en el minuto 55, tras una lucha por el balón, Araujo daría una patada a Álex desde el suelo y éste, tomándose la justicia por su mano, le lanzaría un manotazo que significaría su expulsión.

Inciso para repartir justamente el peso en todos los hombros. Bien es cierto que la reacción de Álex fue desproporcionada y la expulsión, aunque pueda discutirse, a la que les narra le pareció totalmente justa. Cierto es también que ese mismo jugador, junto a otros, llevaba calentando el partido durante bastantes minutos con faltas continuas a Álvaro, Borja y el propio Álex que el colegiado no pudo o no quiso señalar, y que los ánimos estaban bastante tensos a estas alturas; así como que Álex, junto con Jesé, suelen ser de los jugadores más provocados en todos los campos por su inevitable caracter. Y por último, también es verdad que la patada de Araujo desde el suelo debió ser motivo de expulsión al igual que la acción de Álex, pues ambas agresiones fueron similares y debieron ser por tanto sancionadas de igual forma (bien con roja, bien con amarilla).

[pullquote]Álex, junto con Jesé, suelen ser de los jugadores más provocados en todos los campos por su inevitable caracter.[/pullquote]

Así que aunque el error de Álex es subrayable, es también comprensible y no lo es, sin embargo, que el jugador que a la postre nos marcaría dos goles debiese llevar expulsado desde el minuto 55, evidenciando de esta forma que cualquier error cometido por aquellos jugadores que vistan de blanco será, siempre, inevitablemente más grave y penado que los que cometa cualquier otro. Dicho lo cual, es una auténtica lástima que esta expulsión emborrone, no sólo la gran proyección que Álex estaba teniendo esta temporada, si no la admirable manera en la que, hasta ahora, había logrado controlar su caracter y que, esperemos, retome una vez cumplida la correspondiente sanción.

Más allá de lo que a algunos puedan parecer protestas extrafutbolíticas o “lloros” y a otros la pura y simple realidad, lo que es evidente es que esta expulsión marcó definitivamente el partido, volcando el control y los goles del lado del Barça B. Con una casi total pérdida del centro del campo sin el que hasta esos momentos estaba siendo uno de los mejores jugadores del partido, poco pudieron hacer los 10 restantes con el Barça asediando la portería blanca. Sería precisamente Araujo quien, en los minutos 65′ y 69′, firmaría la remontada blaugrana ante un impotente Castilla que en inferioridad numérica, y con unos Omar y José Rodriguez que poco pudieron hacer ante la desorganización general, serían incapaces de llegar a la portería rival en lo que restaba de partido.

El punto y final lo pondría Deulofeu de penalti tras una mano de Morata en el área que es discutido  -nuevamente, a la que suscribe le parece un penalti claro, ya que palmea el balón claramente y luego le rebota en la cabeza-, y que enterraba definitivamente cualquier esperanza de empate por parte de los castillistas.

Más allá de la derrota y si queremos huir de una vez por todas del pesimismo, este partido tiene que servir para dos objetivos fundamentales:

  • Optimismo.  ¿Por qué quedarnos con una segunda parte que definitivamente se ha visto alterada por factores externos cuando se ha jugado una primera parte casi perfecta? Toril y su equipo han logrado anular al rival con efectividad y sobriedad, y este es el camino a seguir si lo que se desea es continuar en Segunda.
  • Aprendizaje.  Sin duda esta expulsión y su correspondiente sanción, así como el impacto que ha tenido en el equipo, mostrará a Álex y a otros tantos una valiosa lección: la de no entrar JAMÁS al juego sucio de los demás, por más que sean provocados. Es más o menos vox populi que las sanciones contra el Real Madrid, por una parte, y contra cualquier filial que se atreva a jugar en Segunda, por otra, serán especialmente duras. No hay que darle motivos.

Así pues, y gracias a los resultados de los rivales, el Castilla evita una jornada más entrar en puestos de descenso, en esta guerra en la que debemos seguir luchando y, esperemos, ganando frente a rivales con honor.

 Imágenes: Realmadrid.com

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