Antonio Adán y la enésima canallada

El suceso es bien conocido, y será recordado como uno de los más infames crímenes cometidos en el coliseo blanco. En un acto deleznable, ayer uno de los nuestros fue pitado en el Santiago Bernabéu al salir del campo tras recibir la tarjeta roja. Tal excesivo castigo recayó en Antonio Adán, a la sazón segundo portero del Real Madrid.

Lamentablemente, no es la primera vez que pasa. El Bernabéu es un estadio que presume (es un decir) de haber silbado al mismísimo Zidane. La diferencia es que estos silbidos no se produjeron por un bajo rendimiento, ni fueron una recriminación por la tarjeta roja -que, de hecho, fue injusta-. Los silbidos fueron provocados por el hecho de que Adán estuviera sustituyendo al capitán del equipo e ídolo local, Iker Casillas, en el enésimo acto de una polémica que calificaría de sainete si fuera capaz de encontrarle alguna gracia.

Desengáñense: la mayoría de los que ayer pitaron a Adán le conocen tan bien que probablemente piensen que ése es su nombre de pila. El abonado medio del Bernabéu puede que intuya vagamente que es canterano, le suene que llegó a capitanear al Castilla y en muy pocos casos conocerán el dato de que lleva desde los diez años dejándose la piel por el sagrado escudo madridista. Al canalla que ayer pitó a Adán le importaba un bledo Adán; habrían hecho lo mismo con Jesús y hasta con el mismísimo Buyo si hubiera bajado a pie de campo enfundándose los guantes. Al impresentable que va al fútbol para levantar el culo del asiento en el minuto setenta y cinco y que desayuna con la prensa deportiva sobre el regazo, lo que le importaba era dejar claro su desacuerdo con la suplencia de Casillas. Sin darse cuenta, simpático borreguillo nuestro, que tan sólo es uno más envuelto en una tensión guerracivilista provocada, en parte por los medios, y en parte por la pésima gestión que desde dentro del club se ha hecho de la suplencia de su capitán -¿tanto hubiera costado quitar hierro al asunto desde una rueda de prensa?-.

Pero, desengáñense también, a la mayoría de los que han saltado indignados a defender el honor de Adán, clamando al cielo por su condición de canterano, en el fondo también les importa muy poquito cómo se sienta nuestro segundo guardameta. Adán es un arma arrojadiza más que utilizar en contra de Iker Casillas; Adán no es más que una pieza que unos y otros utilizan como les resulta más conveniente.

Porque resulta que esto no es la primera vez que ocurre.

No es la primera vez que el Bernabéu la emprende injustamente contra un chaval de la casa, y no recuerdo ninguna ola de indignación comparable a este reciente arrebato pro-canteranista de nuevo cuño. Hay una lista muy larga de jugadores que, con calidad o sin ella, no tuvieron tiempo de demostrar nada antes de que la implacable andanada de silbidos se abatiera sobre sus cabezas. Chavales crucificados por su propia afición ante la pasividad y complicidad del madridismo tuitero.

Recientemente varios canteranos han sido puestos en la palestra en contra de su voluntad, y por ello, como Adán, han recibido las iras de su propia afición. Sólo que a ellos nadie ha salido a defenderles. Aún hoy, cada vez que le marcan un gol al Castilla, muchos insultan a Jorge Casado -aunque el gol se haya producido por la banda contraria, es decir, sin estar viendo el partido- porque alguien cometió el crimen de pensar que podría jugar algunos minutejos de lateral izquierdo en el Bernabéu. También cuando el primer filial recibe un tanto en contra se alude irónicamente a “ese jugador que tenía que subir al primer equipo”, refiriéndose a Nacho, sin caer estas mentes pensantes en el detalle de que Nacho ya es del primer equipo y no juega con el Castilla.

El ejemplo más claro ocurrió en el partido de vuelta contra el Alcoyano en el Bernabéu. Tan sólo unas semanas después de que, con su gol de cabeza, Álvaro Morata salvara los tres puntos en el Ciudad de Levante, el respetable le silbó en la primera pelota que perdió. Claro que entonces nadie se alzó en armas por la poca paciencia y el poco agradecimiento demostrado por los socios. Distinto habría sido si Álvaro fuera portero y sustituyera a Iker Casillas. Entonces no importaría tanto que, hace dos años, la prensa le sacara a la luz para atacar a Mourinho. O que arrastrara el increíble pecado de tener un padre que trabajó en un conocido periódico deportivo madrileño. Razones suficientes, todas ellas, para que el madridismo tuitero le denoste en cuanto tiene la menor oportunidad.

Antonio Adán es un pedazo de portero. Y un grandísimo madridista. Sin llegar al nivel de Iker Casillas -nivel que alcanzan muy pocos porteros en el mundo-, es un guardameta perfectamente válido para ser un suplente de garantías en el Real Madrid, o titular en otro equipo de Primera. Antonio Adán no ha hecho otra cosa en su vida que trabajar sin descanso para conseguir un sueño. Y ayer, un puñado de canallas se lo fastidiaron.

Adán lleva desde los diez años en el Real Madrid. Aproximadamente a la misma edad ingresó Nacho Fernández. Con un par de años menos entró en La Fábrica Esteban Granero. Y el capitán, Iker Casillas.

Adán merece respeto, no sólo por ser canterano, sino por ser un futbolista que suda el escudo de nuestro equipo con trabajo y dignidad. El mismo respeto que Nacho o Casillas. El mismo respeto que Morata. El mismo que Jorge Casado o Álex Fernández. El mismo que Pedro Mosquera -desde los once años en la cantera- a quien tan impunemente se ha insultado sin venir a cuento. El respeto que tanto les falta a los mismos que ayer pusieron el grito el cielo por unos pitos que, aunque vomitivos, no es la primera vez que se escuchan.

Ayer Antonio Adán manifestó estar jodido. Normal. Ojalá el suyo fuera el último caso de un canterano que es utilizado como cabeza de turco por los sinvergüenzas de turno. Lamentablemente, no lo creo. Ha habido varios adanes y vendrán algunos más. Chavales que hoy entrenan con ilusión en Valdebebas y un día sentirán el juicio del Bernabéu antes incluso de haber tocado el primer balón.

Ojalá sus palabras sirvieran para cambiar esta tendencia. Lo dudo. La de Adán ha sido la enésima canallada, pero estoy bastante segura de que, desgraciadamente para todos -sobre todo para nuestros canteranos; auténticas víctimas de cada polémica- no será la última.

Imágenes: Gettyimages y Realmadrid.com

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