Resumen del 2012: Real Madrid C

Cerramos la serie de resúmenes del 2012 con la mirada puesta en el segundo filial. Tras una campaña fantástica que culminó con el regreso a Segunda B después de 15 largas temporadas, el Real Madrid C se enfrenta a la nueva categoría con juventud y muchos cambios. Sin la regularidad de la que antes presumía, sufriendo altibajos cuando la forma y moral no acompañaron, pero por fin en línea ascendente de nuevo. Porque caerse es una posibilidad, pero levantarse es obligatorio y reaccionar a tiempo, la clave.

Continuando con la tendencia de la primera vuelta, el C tuvo un enérgico retorno al trabajo tras el parón navideño. Si bien no perfecto, el arranque del 2012 fue muy bueno: los pocos puntos que se le escaparon al equipo salieron caros a sus rivales, que siempre se encontraron en frente a un conjunto fuerte y decidido a buscar la remontada hasta el pitido final. A partir de entonces el C enlazó victoria tras victoria: se impuso en el derbi ante el Atlético de Madrid y ante el Fuenlabrada, líder del grupo, acortando distancias progresivamente hasta hacerse con el liderato. La buena racha de resultados (con alguna que otra goleada incluida) duró finalmente hasta marzo, cuando el equipo cayó en casa por 1-2 ante el Puerta Bonita. Se rompía así la imbatibilidad del segundo filial en Valdebebas, que había convertido el campo 7 en un fortín y aguantó 27 jornadas sin perder en casa.

A pesar de que mantuvieron su condición de líderes un par de jornadas más, esa derrota supuso un punto de inflexión. Después de la regularidad casi metronómica de antes, el Real Madrid C recayó en el que es uno de los problemas endémicos del segundo filial. Como si hubiera perdido de repente parte de su mordiente, se desinfló y empezó a perder puntos que antes se sumaban con relativa facilidad. En un grupo tan apretado como lo estaba aquel Grupo VII, la pérdida eventual del liderato era lo de menos: urgía una reacción por parte del conjunto para no alejarse de los puestos de playoff, el auténtico objetivo del C.

Afortunadamente, esa reacción se produjo. Quizá no tan solvente como en otros momentos de la temporada, pero el equipo respondió. Aferrándose con uñas y dientes a sus posibilidades y al trabajo realizado hasta entonces, consiguió remontar el vuelo para lograr la ansiada clasificación de playoffs. Terminaron la temporada segundos de grupo, a 6 puntos del Fuenlabrada y a esperas del sorteo para conocer a su primer rival en la lucha por el ascenso.

Aunque la posibilidad del Real Madrid C de dejar Tercera atrás y subir de categoría dependía del propio ascenso o no del Castilla (aún por decidir, en aquellas fechas), los chicos encararon el reto de playoffs con ganas y salieron a por todas. A diferencia del primer filial, ellos no acabaron la temporada como cabeza de grupo y, por tanto, tuvieron que enfrentarse a la larga y complicada liguilla, con tres eliminatorias a superar.

La primera de ellas les encaró con uno de los cuartos, el Villaralbo, y se saldó sin problemas con un 5-1 global para los blancos tras un partido trabado en Zamora y una goleada en casa. La segunda, contra el Marbella, fue más difícil: los blancos tuvieron que remontar fuera, pero finalmente consiguieron un gran resultado para la vuelta, y en casa el equipo continuó dominando, firmando un global de 4-1.

Hasta entonces, todo bien. El C fue  ganando terreno y confianza paso a paso, acercándose a un objetivo que se antojaba cada vez más cercano. Con el éxito del Castilla como ejemplo y las puertas del ascenso abiertas. Pero en el último paso, en esa tercera eliminatoria, no consiguieron sobreponerse al escollo que supuso el Binissalem.  Tras un partido en Valdebebas que terminó 0-2 y dejó un gusto amargo (los blancos lucharon y buscaron siempre el gol, pero los visitantes supieron jugar bien sus cartas cerrando atrás y esperando la oportunidad), el Real Madrid C viajó a las islas con la remontada en mente, pero no consiguió imponerse y acabó cayendo por 1-3.

Así, parecía que después de una magnífica temporada el sueño del doble ascenso se acababa, pero el destino tenía un as en la manga. Tras el descenso forzado por impagos de algunos clubes, la federación ofreció dichas plazas a los mejores de Tercera y el Real Madrid C consiguó finalmente obtener la categoría de Segunda B por la vía administrativa. Justo premio para el trabajo y tesón con que el equipo había competido a lo largo de la 2011/2012.

El mercado de fichajes de ese verano trajo consigo bastante movimiento en las filas del  C. Jugadores que habían sido pilares clave en el equipo del ascenso (como Andy, Jordi y Fran Sol) abandonaron la disciplina del club, mientras que otros como Derik o Pacheco apuntaban a incorporarse al Castilla con Toril. Es por ello que, aunque se fichó bastante (y bien, como en los casos de Joel Johnson para el lateral derecho, Burgui para reforzar el ataque o Yáñez en portería) y hubo incorporaciones desde el juvenil, la plantilla que empezó la 2012/2013 distaba bastante de la de la temporada anterior en cuanto al preciso equilibrio de calidad y madurez que tan buenos resultados dio al equipo.

Las grandes ausencias se notaron a la vez que el equipo se ajustaba progresivamente a los cambios. Sumado al salto a la nueva categoría, esto se tradujo en un comienzo repleto de altibajos. Si bien no podía decirse que el C hubiera perdido todo el carácter que había demostrado la campaña anterior, sí que se echó en falta la claridad de ideas y sensación de conjunto. Iban tirando, pero no terminaban de convencer.

Sin embargo, lo que podría haber sido un simple periodo de adaptación a Segunda B acabó desembocando en algo más grave según avanzaban las jornadas. El Real Madrid C no sólo no arrancaba, si no que empezaba a mostrar una falta de compromiso y actitud preocupantes. Donde antes se sacaban los partidos trabados a base de paciencia, tesón y trabajo, ahora se bajaban los brazos, cada cual haciendo la guerra por su cuenta y convirtiendo al equipo en una presa fácil para los rivales. El Díaz otrora valiente con los cambios parecía empequeñecerse ante la adversidad, dejándose llevar por la pasividad general y siendo incapaz de conseguir la reacción en el campo que encendiera las brasas de lo que había sido un gran grupo. Este bache de los blancos, que se alargó entre insuficientes victorias esporádicas, dejó al C coqueteando peligrosamente con los puestos de descenso: era necesario un cambio.

Afortunadamente, como todo buen equipo de la casa madridista que se precie, el Real Madrid C consiguió levantarse e iniciar la remontada. Sacudiéndose esa desgana que les había lastrado, el conjunto se hizo fuerte y tanto cuerpo técnico como jugadores empezaron a remar en la misma dirección, haciéndose fuertes y volviendo a luchar. El equipo empezó a jugar de nuevo pero, sobre todo, a ganar. Cuatro victorias consecutivas supusieron un espaldarazo a la moral del C, que se retroalimentó de su propio éxito para seguir sumando y escalando posiciones. A pesar del último empate ante el Rayo Vallecano con que se cerró el 2012, esperamos que el segundo filial mantenga la curva ascendente y continúe haciéndose un hueco en Segunda B: la reacción ha sido sobresaliente, ahora hay que mantener el nivel.

Lo mejor del 2012

– El ascenso. Premio a una gran temporada, mucho más regular de lo acostumbrado, y a un gran grupo. Merecido, aunque fuera en los despachos, e importante a la hora de continuar mejorando la formación y el nivel de la cantera.

– El juego por banda y la movilidad en ataque. Seña del estilo de este equipo, que tiende a lanzar la ofensiva por banda aprovechando la velocidad de los suyos, es una de sus mejores armas. Se apoya sobre laterales y extremos rápidos e incisivos, con libertad para recorrer toda la línea, que se compenetran bien y llevan el balón arriba con facilidad; mediapuntas que trabajan con el espacio, creándolo y utilizándolo, apareciendo aquí y allá y abarcando todo el frente de ataque; y delanteros móviles que siempre persiguen el gol, buscando la forma de sorprender y desequilibrar a su marca. Un hervidero de potencial ofensivo por delante de la base sólida que prefiere Díaz.

– Polivalencia. Andy y López actuando como centrales, Sobrino alternando la punta de ataque con banda, Aguza combinando las tareas de cierre del doble pivote con el movimiento arriba del mediapunta, Llorente siendo una auténtica navaja suiza en defensa y cubriendo con solvencia cualquier posición: éstas son algunas de las múltiples variantes que hemos podido ver a lo largo de este año. Muy útiles a la hora de tener que cubrir bajas, desequilibrar al rival con un esquema distinto del habitual o reorganizar al equipo desde dentro del campo para compensar alguna deficiencia (reorganizar posiciones, cubrir alguna expulsión) o implementar estrategias nuevas.

– Fogueo de jugadores de cara al Castilla. Aparte de competir en su propia categoría y buscar cumplir sus objetivos particulares, el Real Madrid C sigue siendo un medio perfecto para seguir formando a jugadores jóvenes. Tanto si se trata de ganar experiencia, contar con la regularidad necesaria que no se puede conseguir en el primer filial o de tomar contacto con las ligas profesionales tras el paso por juveniles, el Real Madrid C es una herramienta útil a nivel de cantera (siempre que se lleve en condiciones. Así, este año hemos visto a Derik hacerse un hueco en el Castilla tras una gran temporada en el C, a Omar ganar en solidez con continuidad y a Raúl De Tomás seguir creciendo y hacer una mili express que le prepare para la posibilidad de volver a jugar en Segunda a las órdenes de Toril.

Lo peor del 2012

– Los bajones de actitud y/o forma. Mientras que la temporada pasada no pincharon notablemente hasta casi el tramo final, en ésta sí que se ha notado un bache generalizado preocupante a mitad de la primera vuelta. Tanto el cuerpo técnico como los propios jugadores no deben olvidar la importancia de la actitud, de luchar como grupo y hacerlo hasta el final. Se puede perder, pero no se puede bajar los brazos.

– Las lesiones. Coincidencia, mala suerte, recaídas o reapariciones precipitadas: sea como fuere, no es raro ver bajas por lesión en las convocatorias, algunas largas o recurrentes. Aguza, Belima, Noblejas o Pacheco son sólo algunos ejemplos (estos dos últimos recientes) de cómo los problemas físicos se han ensañado con algunos puntales del equipo.

Imágenes: RealMadrid.com, elgoldemadriz.com

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