Lugo 3 – Real Madrid Castilla 2 || Todo o nada.

Ley de Murphy aplicada al Real Madrid Castilla: si llegas empatado al final del partido, en los últimos diez minutos te van a marcar. No importa si es a balón parado, si es en propia puerta o si será en la enésima llegada del rival, obra de un jugador -para más inri- cedido por tu equipo. Te van a marcar. Aunque uno de tus jugadores acabe de tener la jugada de la victoria en sus botas. Te van a marcar.

Una vez asumida esta ley universal e irrevocable, sería bueno empezar a tomar medidas para no jugarse los 3 puntos, al todo o nada, en las últimas jugadas del partido.

Vamos por partes. Se presentaba el Castilla el Lugo con la baja por acumulación de amarillas del-que-nunca-hace-nada, Pedro Mosquera -una vez más se ha demostrado que el equipo jamás acusa su baja en el centro del campo- , y la lesión de Omar, quien últimamente parecía haber cobrado cierto peso como sustituto habitual de los dos inamovibles mediocentros. Ante tal cuadro, sorprendió la decisión de Toril de no contar con ningún jugador del Real Madrid C. Aún más sorprendente fue la alineación de Mateos en una especie de trivote junto con Álex Fernández y José Rodríguez en el centro del campo. La apuesta, por decirlo suavemente, no salió del todo bien.

Aparte de Álex, volvía Fabinho a ocupar su puesto en la banda derecha, repetía Jesé como falso nueve y un Derik ya plenamente asentado en el Castilla formaba pareja con Iván en el centro de la defensa. Mejías bajo palos y Juanfran y Cheryshev en sus respectivas bandas.

El encuentro empezó mal, con un gol del Lugo en el minuto 2, despiste defensivo general que ponía el partido cuesta arriba. Los de Setién salían al campo hipermotivados y buscando vengar la manita endosada el año pasado, cuando ambos equipos jugaban en el grupo 1 de 2ªB. El Castilla en esos primeros minutos, fue más voluntad que orden y más individualidades que equipo. Sería de una de esas individualidades de las que llegaría el gol del empate: gran pase de José Rodríguez y exquisito taconazo del otro Rodríguez, el canario, para alojarla en el fondo de las mallas. Sin hacer demasiado, el Real Madrid Castilla había empatado el partido.

Y sin embargo los problemas seguían ahí, aunque el equipo se fue asentando a medida que transcurrían los minutos. Bien en esos instantes la pareja José Rodríguez – Álex, que sin embargo no consiguieron llegar a hacerse con la manija al encontrarse Mateos desaparecido en combate. El supuesto tercer centrocampista no resucitaría hasta los instantes finales de la primera mitad, precisamente aquellos en los que el Castilla tuvo mayor dominio y creó más peligro.

La defensa se tambaleó a pesar de la gran actuación de un Tomás Mejías que hoy firmó, probablemente, el mejor partido en lo que lleva de temporada. A Derik -inconmensurable- y Casado les faltaban piernas y pulmones para enmendar los errores de sus compañeros. Iván lento, desacertado; Fabinho, un auténtico coladero por su banda, apático en la defensa y sobreexcitado en las entradas al rival. Con una línea de cuatro donde fallan estrepitosamente dos de sus jugadores no podemos pretender mantener la portería a cero en Segunda División. El lateral derecho pide a gritos la presencia de Juanfran.

Fue precisamente Juanfran quien puso el gol de la teórica remontada. Su típico gol rozando la línea de cal del área, que sin embargo no habíamos podido ver aún esta temporada. El partido parecía ponerse entonces de cara para los de Toril, enmudeciendo a un estadio que, entre insulto e insulto, osa compararse con Anfield. Más cuando el juego del equipo pasaba por esa auténtica maravilla de jugador llamado Jesé, que en la primera parte hizo lo que quiso, y como quiso, con la defensa lucense. Qué pena que su posición, como dice Mourinho, no exista en el primer equipo. El grancanario puede ser, de largo, el mejor futbolista de Segunda División.

La segunda parte fue una historia que, desgraciadamente, los fieles castillistas temíamos y esperábamos. El centro del campo se diluyó completamente: Mateos y José se borraron de forma estrepitosa, y Álex tuvo que multiplicarse para ejercer su habitual labor de todocampista que le hacen parecer, más que nunca, el Sami Khedira del Castilla. Jesé perdió fuelle y, con Jesé, se vino abajo el resto del equipo. Juanfran tenía que estar más atento a defender que a atacar, nuestra banda derecha ya parecía el Corredor Mediterráneo y el equipo volvió a sus viejas costumbres de ver cómo le pitaban un penalti que no era, y que a punto estuvo de atajar Mejías.

En ese momento, probablemente, fue cuando Toril miró al banquillo y pensó en la planificación de pretemporada. Desde ese instante y hasta el minuto noventa se sucedieron los cambios de Óscar Plano, Quini y Borja, sin que ninguno de los tres hiciera mejorar -tampoco empeorar- al equipo. Saltó por parte del Lugo Fran Sol, el delantero del C al que en verano se cedió al club gallego, con la supuesta idea de subir a su compañero de puesto Rubén Sobrino al Castilla. Por una cosa o por otra, Sobrino sigue en el C, el Castilla sigue sin delantero y Fran Sol, como no podía ser de otra forma, se estrenó como goleador en la categoría arrebatándole los 3 puntos al club al que pertenece.

[pullquote]El peor: Mateos. Toril le colocó fuera de posición y el experimento no salió bien. Falta absoluta de intensidad y desaparecido durante casi todo el encuentro.[/pullquote]

Llegados a ese punto puede uno preguntarse por qué Mateos se jugó la última oportunidad del partido, una falta en la que había al menos 2 lanzadores más adecuados que él. O no. Porque el Castilla cayó por múltiples factores; una planificación desastrosa, erróneas decisiones de su entrenador, inoperancia de algunos jugadores que deberían ser claves y un error arbitral que nos arrebató al menos el consuelo del empate.

Llegados a este punto, en realidad, lo que cabe es preguntarse qué se puede hacer por mejorar. Qué es lo que desesperadamente hay que buscar en el mercado de invierno, lo que se debió buscar en lugar de juntar una bonita colección de cromos de mediapuntas y extremos que apenas juegan.

[pullquote]El mejor: Álex Fernández. Con permiso del taconazo de Jesé, fue el brutal desgaste del Khedira del Castilla el que logró que el equipo llegara con oportunidades de empatar a los minutos finales del encuentro.[/pullquote]

Desde mi punto de vista, al Castilla no le falta ni entrenador, ni plantilla ni hechuras. Sencillamente necesita refuerzo en 3 puntos clave: delantero (más que obvio), un central de garantías y un lateral derecho que consiga defender mejor que Fabinho -cosa fácil, por otra parte-. Con esos tres pequeños retoques no deberíamos tener problema en mantenernos. 

Desgraciadamente, en nuestro amado club la lógica no es siempre la que dicta los fichajes de pretemporada, y el ejemplo más claro es la situación que vivimos ahora, consecuencia directa de lo ocurrido durante los meses de verano. Afortunadamente, y aún contra viento y marea, hay jugadores que no se dejan marear por el debate cruzado entre aficionados y prensa, jugadores que no necesitan palmaditas en la espalda y hacen su trabajo igual estén bajo los focos o no. Esos jugadores -su coraje y su vergüenza torera- son los que sostienen a un equipo mal construido en el que la mala suerte también se ceba con demasiada asiduidad. A ellos habrá que culpar si se logra conseguir la permanencia. Que se conseguirá, gracias a los que en cada partido se dejan el alma en el campo. Adelante, Castilla.

Imágenes: Lavozdegalicia.es

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