Pedro Mosquera: el timón de la nave

Para los seguidores de la cantera, el camino de ida es bien conocido. Todos los veranos se produce esa criba en cada uno de los equipos de La Fábrica, donde sus responsables informan a los jugadores quién sigue y quién no. Es ese momento en el que toca presenciar despedidas, apuntar mentalmente adónde ha ido ese juvenil que te parecía tan prometedor, o preguntarte si tal cadete habría podido llegar a lo más alto de no haber mediado aquella lesión. Los realmente buenos, por supuesto, continúan. Son las perlas de la cantera más prolífica de España, y con la naturalidad que les otorga su inmensa calidad van saltando de categoría en categoría. Sin despeinarse. Hasta que les llega el momento de la verdad, que en La Fábrica equivale a decir Real Madrid Castilla: el equipo donde se demuestra todo, el lugar donde el canterano moldeado durante años ha de someterse al juicio inexcusable de afición, dirección y prensa.

Muy pocos consiguen pasar de ahí. En un club tan exigente como el Real Madrid, la puerta es de acero y se requiere algo más que calidad superlativa para derribarla; factores tan imprevisibles como la suerte o el momento puntual que atraviesa el club son clave para determinar si el chico llega o no llega. En la mayoría de los casos, lógicamente, no lo hacen. En ese caso, el Castilla es un trampolín estupendo para acabar recalando en un club de Primera, donde no son pocos los que pueden presumir de haberse formado en La Fábrica.

Esta historia, como digo, es bien conocida. A partir de ese momento, el canterano madridista se encuentra solo frente a su destino, recordando todo lo que le han enseñado para poder abrirse paso en la máxima división española. La cantera blanca proporciona buenas armas, y en la mayoría de estos casos estos chicos cuajan sin problemas en sus nuevos clubes. En otras ocasiones sin embargo -por causas externas o propias-, el canterano no consigue encontrar su sitio y acaba languideciendo en el banquillo de un estadio cualquiera. Esporádicos, pero reseñables, son los chavales que se van para volver directamente al primer equipo; años después de que abandonaran el Castilla, hombres como Arbeloa o Callejón son llamados a filas por el club que les formó.

El caso que nos ocupa hoy, sin embargo, es verdaderamente excepcional. Porque hace falta mucho valor para irse -para abandonar la Ciudad Deportiva donde has ido saltando de equipo en equipo-, pero se necesita aún más valentía para volver. Para resolver que más vale un puesto de titular en 2ªB que la grada de un equipo de Primera. Para tener la humildad de decidir postergar el sueño de triunfar en la máxima división y de aceptar una cesión al filial del que ya te marchaste. Ese extraño camino de ida y vuelta lo recorrió, precisamente, uno de los pilares del actual Real Madrid Castilla. Capitán en su primera etapa, capo en la segunda, pocos jugadores aportaron más que él en el ascenso a Segunda División.

 

El largo camino hacia el brazalete.

La historia de Mosquera es como la de cualquier otro canterano formado durante gran parte de su carrera deportiva en los campos de Valdebebas. En los artículos sobre él se suele reseñar la curiosidad de que empezó jugando al hockey patines, y no vamos a ser nosotras las que olvidemos decir que este coruñés de 24 años compaginó la práctica de este deporte con la del fútbol hasta que le llegó la hora de hacer las maletas con destino Madrid.

Aunque se le considera oficiosamente producto de la cantera del Deportivo de la Coruña, lo cierto que hasta el año 2001 perteneció al Galicia Gaiteira CF, equipo que formaba parte de la red de clubes afiliados de los que el Dépor -que por entonces no mantenía categorías inferiores- seleccionaba a los jugadores que participarían en el Torneo Fútol 7 (*). Sería en este famoso torneo alevín donde ojeadores del Arsenal, el Barcelona y el Real Madrid se fijarían en un jugador que, ya entonces, mostraba una visión de juego formidable. Tras decantarse por el equipo madridista, Mosquera se incorporaría al Infantil A, iniciando una escalada que le llevaría en tan sólo cinco años al Real Madrid Castilla.

El equipo alevín que el Deportivo de la Coruña envió al Torneo Fútbol 7, disputado ese año en Tenerife.

Justo antes de dar el definitivo salto al primer filial, Pedro Mosquera formó parte del Juvenil A que en la temporada 2005-2006 se proclamó campeón de la Copa Campeones -éxito posteriormente repetido por el archifamoso Juvenil A de Alberto Toril, que se quedó a las puertas del triplete al perder la final de la Copa del Rey-. En la final contra el Real Valladolid disputada en León, salió en el minuto 76 sustituyendo a Granero. El equipo, entrenado por Alejandro Menéndez, ganó 1-0 con un gol de falta de Juan Mata. En esa generación, aparte de Mata, Granero y el propio Mosquera, había jugadores como Lora o Juanmi Callejón.

En el Castilla permaneció cuatro temporadas. En la primera de ellas, a las órdenes de Míchel, se produjo el descenso a 2ªB. En esa temporada jugó 84 minutos. Las tres siguientes, ya en la categoría de bronce, serían las más prolíficas. La 2009-2010 fue su última temporada, en la que jugó casi 3000 minutos, marcó cuatro goles y no fue suplente en ningún encuentro. Datos que avalan el enorme peso de un futbolista que capitaneaba a los suyos desde la posición de mediapunta. Su buena labor la reconoció Pellegrini otorgándole el testimonial honor de debutar con el primer equipo, precisamente en el que acabaría siendo su estadio –el Coliséum Alfonso Pérez- un 25 de marzo de 2010, tras el no-debut frustrado en Riazor.

Al año siguiente, Mosquera cedió el brazalete de capitán a Fran Rico y decidió probar suerte en el habitual destino de muchos canteranos madridistas: el Getafe, donde le esperaba quien había sido su entrenador en la temporada del descenso, Míchel. Temporada y media permaneció en el conjunto madrileño; jugó 406 minutos en la primera, y un total de 0 en los seis meses de la segunda. En el mercado de invierno, el Getafe le cedió al Real Madrid Castilla.

El triunfal regreso a casa.

En este punto, y tras la polémica creada por las declaraciones de José Mourinho, es inevitable preguntarse por qué el Real Madrid pidió la cesión de un jugador previamente vendido para reforzar la plantilla del filial. Hay quien no entiende -empezando por el propio entrenador del primer equipo- que sea un jugador de 24 años el responsable de manejar el timón del Castilla.

La importancia de Pedro Mosquera, sin embargo, queda plenamente justificada si repasamos el inicio de temporada del Castilla que acabaría subiendo a Segunda División. Los inicios de este equipo arrollador que apabullaría en los playoff de ascenso no fueron, ni mucho menos, tan brillantes. La marcha de Fran Rico en verano dejó al Castilla muy tocado; sin su Xabi Alonso particular, le tocó al juvenil Omar Mascarell suplir ese rol de director de juego, haciendo pareja con Álex Fernández en el centro del campo castillista. En estos días donde muchos exigen a voz en cuello que José Rodríguez sea nombrado ipso facto capitán de la nave, habría que recordar que a Omar, con 18 años, Toril le otorgó desde el primer día confianza, titularidad y minutos. Como bien sabemos, esta descarada apuesta por la juventud y el talento fracasó. A poco de encarrilar la temporada, quedó bastante claro que el Castilla, sobre todo, necesitaba experiencia.

Experiencia fue lo que aportó Mosquera. Experiencia, pausa, veteranía y un necesario liderazgo que se hizo patente ya desde los primeros partidos. Titular en los 16 encuentros que jugó, Pedro se convirtió en un jugador clave del Castilla del ascenso. Bajo su batuta, el juego del equipo mejoró hasta llegar a su punto álgido en los encuentros que le enfrentaron al Cádiz durante los playoff. En seis meses jugando de mediocentro puro, dejó tres goles y dos asistencias, quedando para la posteridad el auténtico golazo de falta marcado en el Alfredo Di Stéfano, en el partido que certificó el ascenso a Segunda.

Calma y visión de juego.

Físicamente estamos hablando de un jugador fuerte aunque no excesivamente corpulento (1’84 m y 77 kg.), de una gran resistencia física -es realmente raro que tenga de ser cambiado- y poco propenso a lesionarse. Tristán Celador, que fue su entrenador en juveniles, le definió como un futbolista no excesivamente rápido. Efectivamente, la velocidad no es su mejor arma, pero la suple con una gran capacidad de anticipación y colocación.

En su primera etapa en la cantera, Mosquera ocupaba una posición más adelantada, de mediapunta, que le permitía aprovechar mejor sus cualidades. Siempre fue un futbolista con una facilidad extraordinaria para quebrar defensas con un pase de gol; su clarividencia innata a la hora de elaborar jugadas -eso que llaman visión de juego- ha sido su característica más destacable desde que estaba en edad infantil. Pedro ejercía un papel muy parecido al que podemos encontrar en el Özil del Real Madrid, o en el Sarabia del primer año de Toril: recibir el balón del medio campo y pensar qué hacer con él. Agilizar esa transición necesaria para que la pelota llegue a los delanteros. En ese terreno se movía como pez en el agua, y su falta de rapidez quedaba más que compensada por su enorme facilidad para dar el pase y poner la pelota justo donde quería.

En su segunda etapa en el filial, sin embargo, Pedro ocupa una posición más retrasada, justo en el centro del terreno de juego. El 4-2-3-1 es el sistema al que está abonado Toril -el mismo que utiliza el primer equipo- y en él hizo encajar a Mosquera en la posición del doble pivote, en un rol de director siempre acompañado de un centrocampista todoterreno -primero Álex, después Mandi- que pudiera bregarse más en labores defensivas. Su adaptación a este nuevo papel fue sorprendentemente buena: su capacidad para distribuir el balón aportó la necesaria fluidez en un centro del campo que llevaba tiempo echando de menos a un jugador que pudiera cumplir esa función; su experiencia, edad y jerarquía influyeron en la aparición de esa necesaria pausa que tanto necesitaba el Castilla, un equipo que pecaba de inexperiencia y de una facilidad tremenda para desordenarse en momentos puntuales del juego. Podemos decir que Pedro fue la pieza que al fin consiguió hacer funcionar bien todos los engranajes.

Técnicamente es un jugador de un nivel altísimo, como corresponde a un centrocampista/mediapunta típico de La Fábrica. Posee un guante en la zurda que se manifiesta más que nunca en el golpeo a balón parado, especialidad que ejecuta con maestría. Tácticamente es un jugador muy ordenado; a pesar de haber sido retrasado de lo que podríamos entender como su “posición natural”, rara vez le pillan fuera de posición o mal colocado. Sabe cuál es su papel en el equipo, y su prioridad siempre es mantener el equilibrio que permita al Castilla bascular en sus habituales transiciones rápidas. Elige muy bien el momento de prodigarse en faceta ofensiva, y aunque no es excesivamente habitual verle incrustado entre los centrales -ese tipo de tareas suelen recaer en su compañero Álex-, defiende con el rigor de cualquier mediocentro puro.

Es un jugador bastante limpio, que utiliza la falta como último recurso. El número de amonestaciones que recibe suele ser ligeramente inferior al de sus compañeros de posición -desde luego, cifras muy lejanas a sus primeros años en el Castilla o su primera temporada en el Getafe-, lo que, junto a su facilidad para no lesionarse, repercuten muy positivamente en la continuidad de su juego. Mosquera raramente se pierde un partido, y eso se nota en su rapidez para erigirse como uno de esos jugadores a los que sus compañeros buscan siempre y dejan su impronta personal en el estilo de juego.

 

Nueva temporada y un reto pendiente

Después del ascenso del Castilla a Segunda, ninguna de las partes implicadas tuvo dudas a la hora de prolongar la cesión de Pedro Mosquera por un año más. El salto de categoría parecía demasiado grande para prescindir de quien había sido el director de juego en 2ªB. El Castilla, en su necesaria búsqueda de equilibrio entre experiencia y talento -recordemos a los lectores que el Barça B que ascendió y campeó en Segunda, y a quien tanto se referían entonces los que denostaban la cantera blanca, contaba en sus filas con un buen número de jugadores de más de 22 y 23 años- mantuvo a futbolistas experimentados como Juanfran, Tomás Mejías o en propio Mosquera. Sabia decisión si tenemos en cuenta que, precisamente, el defecto más visible del equipo en estos precisos instantes es su excesiva candidez.

Este inicio de temporada no ha sido excesivamente bueno para Pedro, que ha achacado el salto de categoría al igual que el resto de sus compañeros y ha rendido un nivel inferior del acostumbrado, suponemos que por coincidir con algún momento de baja forma. Aún así, ha continuado como uno de los jugadores fundamentales del equipo, siendo titular en 11 de 11 encuentros, con un gol en su cuenta personal (el 3-4 decisivo en Guadalajara, típico gol desde fuera del área tras un rechace) y, por encima de todo, continuando con su rol de jugador insustituible a pesar del mal momento que atraviesa el centro del campo castillista.

El Castilla le necesita a su máximo nivel para afrontar esta dura temporada, y él mismo necesitará exhibirse en la que sea, probablemente, su última oportunidad para dar el definitivo salto a la élite. Porque Pedro Mosquera tiene calidad de sobra para jugar en Primera -como lo han hecho tantos canteranos madridistas antes que él- y sólo necesita esa chispa de suerte, estar en el lugar preciso en el momento adecuado.

Hasta que llegue ese momento, el Castilla y sus compañeros seguirán disfrutando del trabajo de este jugador, tan cabal y comprometido que comprendió que aceptar un pequeño paso atrás podría darle el impulso necesario para el gran salto hacia adelante. Y los aficionados del Real Madrid Castilla que aquel día nos levantamos de la silla con su golazo frente al Cádiz no olvidaremos jamás a ese chico de 24 ó 25 que certificó, con semejante broche de oro, seis meses en los que fue el jefe de la medular, el capo absoluto. El timón de la nave del Real Madrid Castilla.

(*): sobre la pertenencia o no de Mosquera a la cantera del Deportivo de la Coruña hemos encontrado informaciones contradictorias. Al final hemos optado por dar como válida su ficha en la web del club y, sobre todo, esta noticia de la excelente web deportivista CanalDeportivo donde se menciona a Pedro como futbolista del Gaiteira.

Imágenes: Realmadrid.com, Corazonblanco.com, Lavozdigital.es, @LaNovena9, CanalDeportivo.com, foro Futbolplus.com

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