Real Madrid Castilla 2 – Sporting de Gijón 4 || Honra sin barcos.

“Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Semejante frase, atribuida al Contralmirante Méndez Núñez durante el ataque al puerto del Callao, ejemplifica desde entonces la necesidad de cumplir con el deber. La necesidad de llegar hasta el final -qué expresión tan madridista- así se pierdan los barcos y hasta la vida, pero jamás la honra.

Honra. Hasta el momento de la expulsión de Jesé, poca honra se había visto sobre el césped de Valdebebas. Sabíamos que sería un partido duro, pero no tanto. Sabíamos que echaríamos de menos las bajas de Nacho, Morata y Jesús, pero no que pasados poco más de diez minutos el Castilla deambularía como un fantasma, dos goles en contra y poco espíritu, escasa lucha para un equipo que presume de su ADN madridista. Fue entonces cuando ocurrió. Jesé intentó colarse entre la defensa sportinguista, sin conseguirlo. Cayó, cerca del borde del área, exigiendo una falta que el árbitro no pitó. Y decidió tomarse la justicia por su mano, siendo justamente expulsado. Parecía el fin del Castilla, y quizá lo fuera. El hundimiento del último barco. Pero, sorprendentemente, supuso algo más, algo que no se traduce en puntos en la tabla, sino en ese orgullo que justificadamente exhiben los seguidores del Real Madrid Castilla.

Perdió los barcos. Recuperó la honra.

 

Tomás Mejías, Jorge Casado, Derik Osede, Iván, Fabinho, Mosquera, Álex, Jesé, Juanfran, Borja y Cheryshev. Un defensa del C, cero delanteros, y la habitual concentración de extremos y mediapuntas para paliar las obvias bajas del delantero y el defensa estrella. En el centro del campo, la duda de si Mosquera y Álex serían capaces de hacer frente a las acometidas de un equipo donde se alinea Mandi, quien fue el muro que en los playoff de ascenso sostuvo el centro del campo del filial. Nadie dijo que fuera fácil, y ni siquiera lo pensó. Al Sporting lo conocemos todos; a Sandoval, también. A pesar de que el Castilla empezó bien, atento, con ganas, los expertos asturianos no tardaron más de siete minutos en desmoronar la estructura de un equipo que, sin Nacho y sin Morata, carece de bases firmes.

Ante la ausencia del ya delantero del primer equipo, Jesé viene siendo el alma ofensiva del Castilla. Fue el pichichi quien más lo intentó en los primeros minutos, ayudado por un Borja más que voluntarioso con quien combina a la perfección. Sin referencia arriba, el ataque del Castilla se basa en ellos, y en el aporte siempre constante de Juanfran y un Denis en racha. En los diecisiete minutos que estuvo sobre el campo, Jesé fue capaz de lo mejor y de lo peor. Desbordó, combinó, intentó marear a la defensa sportinguista, y fue incapaz de soltarla a tiempo. Después, cayó en una disputa con Gregory. Lo demás, ya es historia.

Incisiso absolutamente necesario: Jesé es quien es, pero llevaba sin protagonizar una jugada conflictiva desde cadetes. Es más, el castigo fue tan duro -muchos años ignorado por la Selección, incluso tras cumplir ampliamente la condena- que en estos años se puede decir que el grancanario ha hecho un máster en esa difícil asignatura que se resume en recibir palos sin reaccionar. Ya hemos mencionado en varias ocasiones cómo Morata y Jesé se convierten en el recurrente punching ball de los jugadores rivales. Frente al Hércules estuvo a punto de perder los nervios. Hoy, ha cometido un error estrepitoso. La RFEF le juzgará, Toril le juzgará -este tipo de actitudes, al técnico cordobés, no le gustan un pelo- pero ni el aficionado madridista que idolatra a Juanito, ni el aficionado culé que ignoró aquel escupitajo de Messi, es el más indicado para valorar la poca cabeza y sangre caliente de este chaval. Dicho queda.

Con un 0-2 en el marcador y nuestro mejor jugador fuera del campo, pocos ánimos le habrían quedado a cualquier equipo; o, mejor dicho, a cualquier otro que no fuese el Castilla. El año pasado, en 2ªB, varios equipos aprendieron a base de remontadas que lo peor que podían hacer era dejar al Castilla con 10. Parece un tópico más de la genética madridista, pero es que hay poca explicación más allá de eso. Pareciera como si un invisible corsé se deshaciera, como si los chicos se vieran maniatados por los pesados rigores tácticos y al quedarse en inferioridad numérica se desataran. Sandoval lo ha definido mejor que nadie: a tumba abierta. Y a tumba abierta fue el resto del encuentro, donde el mismo Sporting experto y abigarrado del que hablábamos antes se quedó perplejo al ver que esos diez valientes se lanzaban al ataque, robándoles la tranquilidad y el dominio.

En este tipo de partidos surge siempre, sin que jamás falte a su cita con la épica, la figura de Álex Fernández. Más invisible en encuentros tranquilos -donde brilla más Mosquera, en su papel de director- la verdadera fortaleza de Álex se destapa cuando todos, menos él, pierden la fe. Pocas veces he visto mayor jerarquía en un jugador tan joven, un jugador comprometido y valiente, que hoy fue el jefe absoluto. Álex -quizá por su condición de madridista irredento- dirige mejor que nadie al Castilla en esos momentos de euforia loca, siendo a la vez defensa, distribuidor y finalizador si la historia lo requiere. Lo hizo el año pasado frente al Atleti B, lo repitió este año frente al Sporting. Él emerge en los momentos difíciles para sostener al Castilla en la locura. Porque Álex, como buen madridista, puede perder el partido; pero jamás la honra.

El Castilla jugó a tumba abierta y a tumba abierta murió. Volcados en ataque -a destacar la aportación ofensiva de Fabinho- todos y cada uno de los jugadores eran conscientes de que su única oportunidad era meter más goles que el Sporting. Y estuvieron a punto de conseguirlo, pese a lo que diga el resultado: Cheryshev, incisivo y determinante -increíble la brutal progresión de este chico- perdonó el empate; Óscar Plano, que salió por Borja García -cambio necesario después de que la expulsión de Jesé dejara al Castilla sin falso nueve- tuvo varias ocasiones para anotar un más que merecido gol. El mismo Álex pudo redondear su actuación con un hat-trick del que le privó el meta del Sporting. Pero hoy no era el día de la remontada, y los errores en defensa -mal día en general de Iván y Tomás; aceptable Derik, que va cuajando- enviaron al Castilla a la tumba. Sin puntos. Pero con orgullo.

Segunda derrota consecutiva que sin embargo nos deja un sabor muy distinta a la anterior, como no puede ser menos cuando has visto a los tuyos dando un ejemplo de lucha, de tesón y de madridismo. Una actitud que nos hará falta, si tenemos en cuenta que perderemos a Jesé para varios partidos, y que Morata y Nacho están, más que nunca, a caballo entre Castilla y primer equipo. Hemos perdido, pero es este Castilla al que queremos ver siempre. Porque sólo el viejo Castilla valiente y peleón será capaz, pese a las dificultades, de mantener ambos pies en Segunda.

El mejor: indiscutiblemente, Álex Fernández.

El peor: (aún más indiscutiblemente) Jesé.

Imágenes: Realmadrid.com.

 

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