Jesús Fernández: carrera de obstáculos

La historia de Jesús Fernández es una historia típicamente futbolera. De perseverancia, talento y confianza, pero sin ignorar la suerte, tan fundamental en este mundo. Jesús llegó hace dos temporadas con el papel de portero suplente bajo el brazo, y en sólo dos años se ha impuesto al resto de sus competidores, escalando lenta pero inexorablemente hasta conseguir ocupar uno de los preciados puestos en el primer equipo.

Y todo este motor bien carburado de esfuerzo y éxitos prendió gracias a la mala suerte de un compañero, que supuso su oportunidad. Aunque, definitivamente, en la trayectoria de Jesús Fernández la suerte ha sido sólo eso: un chispazo.

 Lograr el protagonismo.

La trayectoria de este portero ya hace pensar en una vida futbolística trabajada y a veces trabada. Este madrileño de la generación del 88 pasaría por las categorías inferiores tres equipos diferentes –Adarve, Villareal y Getafe- antes de establecerse  durante tres temporadas en el Numancia, donde pasaría dos años con su filial antes de pasar a Segunda División con el primer equipo, donde sólo contaría con el papel testimonial de tercer portero –aunque llegaría a debutar contra el Irún en un partido de Liga-.

Dada la poca trascendencia durante este año, en la temporada 2010/2011 ficharía por el Real Madrid Castilla, que necesitaba un nuevo portero tras el ascenso de Adán al primer equipo en la última temporada de Jerzy Dudek. Y llegaría al Castilla de Alejandro Menéndez –un Castilla plagado de los exitosos juveniles de Toril, con más aspiraciones que base- para ser segundo portero tras Tomás Mejías, a quien ese año –al menos en teoría- le correspondería la titularidad.

Pero la mala suerte querría que una larga lesión en el hombro dejase a Mejías fuera de juego, no sólo durante la pretemporada, si no durante toda la primera parte de esa temporada. Casi cinco meses en los que Jesús se haría un hueco en la portería del Castilla, destacando en un equipo que se aproximaba poco a poco al naufragio gracias a la seguridad y tranquilidad que aportaba bajo palos.

La llegada de Toril coincidiría con la completa recuperación de Mejías, pero ni el cambio de entrenador ni la recuperación de su compañero le devolverían al rol suplente para el que supuestamente había llegado. A lo largo de esa segunda mitad de temporada Toril daría entrada a Mejías, pero apoyándose en Jesús en partidos más broncos o complicados, alternando finalmente la titularidad entre uno y otro como método de trabajo.

La cantidad de minutos acumulados le llevarían a debutar en el primer equipo en el último partido de esa temporada frente al Almería, donde jugaría en el Bernabéu los últimos 20 minutos de la goleada 8-1 de su equipo.  Y tal vez, fue esa imparable conquista en el filial la que llevó a Mourinho a tomar la decisión de que él y Tomás alternarían el puesto de tercer portero del primer equipo durante la temporada 2011/2012, tras el paso de Adán a segundo portero.

Así pues, la segunda temporada de Jesús en el filial del Real Madrid vendría dada por la alternancia sistemática con Mejías en la portería y en la grada con el primer equipo aunque, a la hora de verdad, Toril le elegiría a él para los partidos de máxima tensión –como ejemplo, los dos partidos de playoff que permitirían el ascenso del Castilla a Segunda-.

Esta confianza sería acorde con la de Mourinho, que finalmente le elegiría a él para el puesto definitivo de tercer portero del primer equipo, aunque su presencia y calidad serán compartidas con el Castilla, donde ya hemos podido comprobar cómo su presencia relega a Mejías al banquillo.

La trayectoria de un jugador que empezó con un golpe de fortuna, pero  que gracias a su trabajo, seguridad y a una técnica muy impropia de los porteros del Real Madrid, consiguió imponerse en la mejor y más competitiva fábrica de porteros del país.

 Seguridad y colocación.

Estas sean, probablemente, las dos características que mejor definen a este jugador. La seguridad aplastante que aporta a la defensa proviene, en gran  parte, de una excelente colocación y compenetración con su defensa. Es muy difícil encontrar a Jesús fuera de lugar, no sólo durante el desarrollo del juego –donde controla perfectamente el tempo- si no en las jugadas a balón parado, donde a su propia colocación –ligeramente adelantada- se suma una gran capacidad para ordenar a sus defensas dentro del área, permitiendo una completa cobertura sin dificultar su visibilidad. Dentro del pequeño desastre que suponen dentro del Castilla –de cualquier equipo del Real Madrid, realmente- cualquier jugada a balón parado, las dotes de liderazgo y la capacidad de organización de Jesús aportan una seguridad más que bienvenida.

Además de una buena respuesta ante los balones aéreos, dispone de un juego de pies nada desdeñable. Cuando se encuentra en la portería, se reducen el número de pases en largo, siendo capaz de combinar con sus centrales. Colabora especialmente con Nacho en la salida jugada del balón, lo que permite armar ataques organizados y calmados, una característica que quizá no sea habitual en este equipo y que Jesús potencia.

 Ejercicio de comparación.

Aunque las comparaciones son odiosas, un ejercicio necesario para comprender completamente la relevancia de Jesús en el Castilla es comparar sus características con las de su compañero de meta, Tomás Mejías. Mientras que Tomás es un portero típicamente de La Fábrica –excelentes reflejos, pero dificultades en la colocación y el juego aéreo, y mal juego de pies-, Jesús supone un soplo de aire fresco, siendo un contraste directo: aporta la seguridad lineal y continua de un portero con capacidades adquiridas –colocación, pies- mientras que es menos dependiente de sus reflejos –lo que en ocasiones le supone conflictos en los uno contra uno, donde su compañero Mejías le gana la partida-.

Quizá esta sea el área en el que se le pueden achacar más debilidades y que debería potenciar, aunque dada su completitud en el resto de áreas, probablemente la experiencia le ayudará a mejorar. Sin embargo, no es el perfil de portero al que el Real Madrid está habituado –con Iker Casillas como máximo exponente, con Adán o el propio Mejías como continuadores- y quizá su falta de explosividad pueda jugar en su contra, a pesar de que su aplastante seguridad en partidos de alta tensión resulta clave, no solo para guardar la portería, si no ayudar a la línea de defensa.

 El peligro de relajarse.

A pesar de la carrera de obstáculos que Jesús Fernández ha superado hasta ahora para llegar al primer equipo, su progresión se verá en breve cortada por el que lleva siendo el muro para todos los porteros de la cantera  desde hace años: Iker Casillas. Al capitán madridista aún le quedan varios años jugando a un buen nivel y, al igual que Adán, Jesús no tardará en tener que buscar una salida del club en busca de minutos, dada su edad. De momento, sus objetivos son demostrar que está preparado y no relajarse ante la aparente poca exigencia de un puesto de tercer portero.

En este propósito, las puntuales apariciones con el Castilla –muy probablemente en partidos y rivales complicados- serán vitales a la hora de mantener la tensión competitiva en un año que, teóricamente, es su preparación antes de ocupar el puesto de segundo portero del Real Madrid tras la prevista salida de Adán el próximo año. Así pues, sólo queda esperar de Jesús que siga aportando –ya sea en la portería del Castilla o desde el banquillo del primer equipo- la garantía de un valor seguro que ha sido hasta ahora.

Imágenes: Realmadrid.com, Getty Images.

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