Real Madrid Castilla 3 – 2 Xerez || Porque esto es el Castilla.

La historia, en realidad, es muy simple, y tampoco es la primera vez que se repite. Los que recordamos el inicio de la temporada pasada –los que podemos- rememoraremos también el período de críticas y palos, hasta que el filial enganchó la directa y se subió a un liderato del que ya no bajaría. Quienes llevamos años siguiendo a estos chicos les hemos visto ser ascendidos a los altares del madridismo con la misma facilidad que han sido arrojados al barro. Prácticamente todos los jugadores del Castilla, desde Casado hasta Juanfran, pasando por Álex, han tenido en algún momento a alguien que pedía su ascenso inmediato al primer equipo, y también a quién exigía su empaquetado express destino a un Getafe B cualquiera.

Por todas esas fases ha pasado el Real Madrid Castilla en el partido de hoy. Porque es muy fácil presumir de cantera cuando se gana al filial del máximo rival, pero esa misma cantera se convierte en una piedra del zapato, incómoda y afilada, cuando tus chicos vienen de perder frente al Almería y encajan un gol en casa. Qué fácilmente surgen entonces los empaquetadores de turnos, los opinólogos de profesión que teorizan, con la potestad que les da haber visto dos partidos aislados y leído varias crónicas en Internet, quién vale y quién no.

Sólo hay un detalle, un pequeño detalle, que estos sabios del madridismo pasan por alto:

Que esto es el Castilla.

Y el Castilla jamás se rinde.


 

Empezó timorato el filial, todo hay que decirlo. Con las forzosas bajas de Nacho y Denis Cheryshev –bendito parón de selecciones- el equipo perdía a su mejor defensa y a uno de sus puntales de ataque. Conviene recalcar la importancia de Nacho, que no sólo hace su función sino que es el auténtico baluarte defensivo, fijando en su sitio a Iván y cubriendo las subidas de un excesivamente alegre Fabinho. Sin el capitán, sólo nos quedaba encomendarnos a que el dúo Iván – Mateos tuviera su día, y a que Jorge Casado –el jugador más regular de este inicio de temporada, sin duda alguna- mantuviera su habitual solidez. Mentiríamos si no reconociéramos que sentimos cierto alivio cuando supimos que Toril sentaba al más ofensivo Fabinho para retrasar a Juanfran, más limitado de lateral pero mucho más maduro y sobrio, a la banda derecha. Su puesto arriba lo ocupó Lucas Vázquez, mientras que Borja García desplazó a Jesé a la banda, supliendo así el hueco de Denis Cheryshev.

Irónicamente, fue Juanfran quien cometió el error que propiciaría el tanto de los rivales. Hasta ese momento, el partido se había mostrado bastante abierto, un encuentro donde el Castilla no llegaba a mostrar ninguna fluidez ante la presión del Xerez, pero los andaluces tampoco conseguían acercarse con peligro a la meta local –salvo algún disparo aislado del propio Íñigo Vélez, autor del gol-. El Castilla, como siempre, sufría por la presión de sus piezas clave, y un apático Jesé –que nos hizo presagiar otro mal partido del grancanario- no actuaba como el jugador diferencial que debe de decantar los partidos a favor de su equipo.

Pero, como tantas veces hemos presenciado, el gol del Xerez espoleó el orgullo del Castilla, activó los engranajes de la máquina, sirvió como un toque de atención ejemplar que hizo al filial poner la quinta marcha y convertirse en ese conjunto imparable al que estamos más acostumbrados a ver.

El Castilla se adueñó la pelota y recordó que sabía jugar al fútbol. Y lo hizo. Y de qué forma. El Di Stéfano tuvo suerte de ver los mejores minutos del equipo esta temporada, en un recital ofensivo que asedió la portería del Xerez hasta obtener su merecida recompensa.

Con Iván y Mateos muy sólidos, cuajando un gran partido, Juanfran y Casado encontraron más libertad para subir. Este último fue de largo el mejor del encuentro, corriendo de forma incansable por la banda, incombustible, dejando algún detalle de tremenda calidad y teniendo la oportunidad de marcar.

Pero la victoria se gestó, como casi siempre, en la medular. Y fue por delante de la pareja Mosquera – Álex donde se alzó un inmenso Borja García, un fichaje que en pocos minutos ya ha enamorado, de sobra, a la afición del Castilla. Actuando de enganche, el canterano del Rayo fue el cerebro del equipo, quien distribuyó, quien encontró una sociedad terrorífica con Jesé y reactivó, de paso, al canario.

Solo en punta de ataque, Álvaro Morata demostró una vez más por qué Mourinho le eligió a él para formar parte de la primera plantilla. Bajó a recibir cuando los balones no le llegaban, presionó, defendió, protegió recibiendo de espaldas, y finalmente marcó un golazo tras un recorte espectacular.

El segundo sería una jugada de pizarra, en la que Mosquera saca una falta de guante blanco y Borja García redondea su magnífica actuación enganchándola para incrustarla en la portería. Perfecto el diseño, y aún más perfecta la ejecución.

No se relajó el Castilla tras el segundo, sino todo lo contrario. Ya en la segunda parte, un Jesé cada vez más activo e inspirado logró robar una mala entrega del defensa que se convirtió, regate al portero mediante, en el tercer gol. Y tras ése pudo llegar el cuarto en innumerables ocasiones –Óscar Plano, Morata y Casado lo tuvieron en las botas- pero la suerte no quiso cebarse con el Xerez, que incluso acortó distancias, de forma ya inútil, en el minuto 93 –cómo no, a balón parado-.

Partido típicamente castillista, en el que a raíz de un golpe el filial se endereza, y no tirando solamente de casta y coraje sino también de calidad y del gran fútbol que esos chavales llevan en sus botas. Con seis de seis puntos conseguidos en el Di Stéfano, la semana que viene, de nuevo en casa, tendremos oportunidad de aumentar la racha y prepararnos para el siguiente objetivo, que es arrancar algún punto fuera de Valdebebas.

Y si algo debe enseñarnos este partido –tanto a los de siempre como a los que se acaban de subir al carro- es que jamás debemos perder la fe en el Castilla. Nuestro objetivo debe de ser evitar el descenso, y hay equipo para conseguirlo.

EL MEJOR: Jorge Casado. Enorme recital de lo que debe ser un lateral. Impecable defendiendo, incisivo atacando.

LO PEOR: aunque individualmente tuvieron buenas actuaciones, la ausencia de Nacho se dejó notar en la imprecisión de la defensa, que se mostró algo endeble en ciertas fases del partido.

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