Sobre el inicio de liga y otras tristezas.

Tres partidos, cuatro puntos. Una victoria, una derrota y un empate –ambos, remontada del rival mediante-. Tres goles encajados, dos de ellos a balón parado. Y un noveno puesto en la tabla –por detrás de Sevilla, Rayo, Valladolid, Dépor o Atlético de Madrid, entre otros- que, desde luego no es definitivo, pero sí sintomático. No hay forma mejor de definir el pobre balance del Real Madrid en este comienzo de Liga.

Conviene recordar que los inicios de temporada de nuestro equipo suelen ser de todo menos fulgurantes. De hecho, tan sólo es un poco peor que el año pasado, donde también sumamos una derrota y un empate en las primeras jornadas. Más que de resultados, deberíamos hablar de sensaciones; y tras un verano en el que el equipo no ha sufrido grandes cambios, éstas deberían ser mucho mejores.

Y es que en los tres primeros encuentros de la jornada nos hemos encontrado a un Madrid timorato, contagiado de una tardía pachorra veraniega que nos ha costado ya cuatro puntos y dos disgustos. En un equipo donde tan sólo una pieza –Modric, pues Essien, en principio, viene para ser suplente- tiene que encontrar su hueco y acoplarse a una maquinaria que ya estaba más que hecha. Pese a ello, el juego del Real Madrid ha mostrado demasiadas carencias, demasiadas inexactitudes, una pegada muy inferior a la habitual –al Granada, jugando con 10, tan sólo se le pudieron meter tres, cuando la temporada pasada lo habitual era golear por cinco o seis- más una defensa que cada día parece más endeble.

Podríamos señalar tres fallos básicos: la escasa compenetración entre Casillas y su defensa –el gol del Valencia fue un gran ejemplo-, la desaparición del centro del campo –no es casualidad que en los dos primeros partidos tuviéramos que sufrir a Lass, quien afortunadamente ya es parte del pasado de nuestro club- donde Xabi y Khedira aún no hacen imperar su ley. Y, finalmente, un ataque bastante impreciso en el que un excesivamente fallón Pipa Higuaín fue, irónicamente, quien mantuvo a flote a su equipo en las dos primeras jornadas.

No son grandes problemas: tan sólo la endeblez defensiva parecer ser un impedimento que se arrastra en el tiempo, cuesta abajo y sin frenos. Confío en que la salida de Lass y el asentamiento de Alonso-Khedira como pareja titular aumente la presencia en el centro, ya que parece confirmarse que Modric fue fichado para actuar por delante de ellos y no como sustituto en la medular. En cuanto les veamos de nuevo a su mejor nivel, el balón volverá a fluir con la rapidez de antaño, machacando de nuevo a los rivales con nuestras transiciones rápidas y contragolpes mortales, sobre todo en cuando don Karim Benzema se sacuda de encima su empanamiento.

Ahora tenemos dos semanas de parón de selecciones por delante; dos semanas que deberían haber servido para seguir trabajando con los que se queden en Valdebebas, con la confianza obtenida tras la obtención de la Supercopa y la victoria ante el Granada, y sin embargo van camino de convertirse en un período tenso por culpa de las desafortunadas declaraciones de Cristiano Ronaldo. Que el bicho tiene derecho a estar triste, nadie lo duda; que resulta poco inteligente poner de relieve un problema interno, otorgando más carnaza a la prensa, espero que tampoco. Cristiano se ha equivocado. No es un gran error, pero sí que repercutirá en el club, en él mismo y en los aficionados que durante dos semanas tendremos que aguantar chanzas y especulaciones a costa de la tristeza del portugués. Cristiano se ha equivocado de forma incuestionable, y por eso me resulta curioso ver cómo parte de la afición cierra filas e incluso ataca a otros jugadores que nada tienen que ver con su melancolía. ¿Qué habría pasado si hubiera sido otro el que se plantara frente a la alcachofa para desvelar un problema de vestuario ante la prensa? No es cuestión de atacar al jugador más determinante de nuestro equipo, sino de asumir que semejante forma de actuar perjudica, más que beneficia, al Real Madrid.

Afortunadamente para nosotros, si hay un presidente y un entrenador con fuerza y autoridad suficientes para salir airosos de esto, son Florentino y Mourinho. Dentro de unas semanas veremos si este problema queda en agua de borrajas o, por el contrario, se convierte en una auténtica fractura en el seno de nuestro equipo. También veremos, ante un rival potente como el Sevilla, qué tal se desempeña un Real Madrid que debería forzosamente presentarse más efectivo y preciso.

El tiempo dirá. Lo que está claro, es que estas dos semanas se van a hacer demasiado largas.

Imágenes: Realmadridweb.com

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