Villarreal 2 – 1 Castilla || Suframos juntos.

Minuto 18. Óscar Plano es derribado en el área entre Juan Carlos y Mellberg. Penalti claro a favor del Castilla, el primero de la temporada –y recordemos que el curso pasado sólo nos pitaron uno-. Jesé Rodríguez se dirige hacia la portería y, desde los once metros, marca a lo Panenka. Primer gol en Segunda División. Éxtasis entre los chicos y la afición. ¡Qué bueno es el Castilla!, exclaman algunos. El mejor filial de España. Qué bien están jugando en un escenario tan difícil como el Madrigal, donde el primer equipo –sí, el Real Madrid; los de los 100 puntos- empató el año pasado. Y a un equipo que es prácticamente de Primera. ¡Qué bueno es el Castilla!

Minuto 45. Córner. Miedo, y mucho, para los fieles de la parroquia blanca. En cuestión de defectos defensivos, el filial y el primer equipo van convenientemente de la mano. El balón no es despejado, se pasea entre las piernas de los jugadores como un gato escurridizo, y finalmente Cavenaghi la engancha. Gol. Empate. Caras largas en los chicos, desencanto en la afición. ¡Qué malo es el Castilla! Empanada defensiva. Ni atacan, ni defienden, y todo ello jugando contra un equipo tan mermado como el Villarreal, que prácticamente es el Villarreal B. Cuando en el minuto 80 Cavenaghi vuelve a aprovecharse de un error castillista –personificado esta vez en Cheryshev, que cinco minutos antes era un jugador apto para el primer equipo y, si me apuran, candidato al Balón de Oro- para darle la victoria al Villarreal, la debacle es total. La RFEF va inscribiendo al Real Madrid Castilla como futuro integrante del Grupo I de 2ªB, y nadie se explica cómo semejante panda de mataos han conseguido llegar hasta aquí.

Bueno.

Calma, señores. Que esto no ha hecho nada más que empezar.

Y nadie nos dijo que fuera fácil.

El Castilla se presentaba en el Madrigal con una alineación no muy diferente a la del año anterior. Mejías en portería, defensa para Casado, Nacho, Mateos y Fabinho. Álex – Mosquera en el centro del campo. Juanfran y Cheryshev en las bandas, Jesé en el centro y Óscar Plano de referencia arriba. Una alineación plagada de veteranos, quizá la mejor alineación posible teniendo en cuenta los efectivos de los que contaba Toril. Con Morata como virtual jugador del primer equipo y Rubén Sobrino, sorprendentemente, degradado de vuelta al C –habrá que esperar unos días para saber qué ha ocurrido exactamente- el escenario difícilmente podía ser más imponente. Frente a nosotros, el Villarreal; mermado tras las marchas de este verano, sí, pero el mismo equipo que compitió en Europa y descendió sorprendentemente, de carambola. Que levante la mano quien no valorara la posibilidad de empezar el curso con un resultado desfavorable en contra.

Los defectos del Castilla ya los conocemos. No es que sea un equipo cándido, bisoño: es que lo lleva siendo mucho tiempo. Recordemos los partidos en el Heliodoro o el Carlos Belmonte; recordemos el temor que nos invadió al vernos emparejados con un equipo tan veterano como el Cádiz. Hay dos o tres errores que el Real Madrid Castilla repite cíclicamente, y que forman parte de la genética, como la casta, la raza y el amor por la remontada. Y la mayoría de ellos los comparte con sus hermanos mayores. A la espera de una solución que nunca llega, habrá que aprender a convivir con ello.

Y los fieles castillistas sabemos que, raramente –al menos en la historia reciente- empezamos como un tiro. Muy al contrario, por las propias características de un equipo filial, cada inicio de temporada es un tedioso proceso en el que todas las piezas han de volver a ser encajadas hasta componer la máquina. Lo vimos el año pasado, lo veremos en éste. No olvidemos, a fin de cuentas, que dos de los titulares de hoy fueron habituales suplentes el año pasado, en una categoría inferior. Que hemos perdido a los dos delanteros titularísimos, y al lateral que era el mejor jugador del equipo. Toca reinventarse. Otra vez.

Aunque tras el segundo gol las primeras sensaciones se hayan borrado de la memoria de esta histérica afición que tenemos, lo cierto es que no empezamos mal. Tras unos primeros minutos un poco titubeantes –comprensible- el Castilla cedió la pelota al Villarreal, se armó de paciencia y utilizó sabiamente sus armas. Con Mejías muy atento y Nacho convertido en un muro, el equipo encontraba la salida de balón en el capitán o en el adelantado lateral Fabinho, basando sus ataques en contras rápidas, marcas de la casa, con Jesé Rodríguez como figura estelar. Jesé y Plano permutaban sus posiciones de forma constante. Denis, sin ser el jugador que en la pretemporada nos pareció estratosférico, aportaba. Y el Castilla logró sobrevivir, logró acercarse a la meta del Villarreal, y logró provocar un penalti que nos adelantaba en el partido.

Aún más: tras el gol, el filial pudo marcar el segundo en varias ocasiones. Un segundo gol que se resistió y que murió en nuestra dificultad por dar el último pase, en la falta de automatismos en ataque –de relieve en muchos centros precisos que no encontraron rematador- y, sobre todo, por la poca idoneidad de Plano en un sistema que necesitaba el 9 referencia que él no es. Con Cheryshev en uno de sus peores días y Juanfran –quizá el jugador del Castilla de quien más se esperaba que tirara del equipo en este partido- empeñado en intentar siempre su misma jugada, el peso del ataque recayó en Jesé Rodríguez. Y, solo contra el mundo, Jesé hizo lo que pudo. No fue suficiente, por supuesto; es que esto no es 2ªB.

El gol del Villarreal justo al final de la primera parte fue una tragedia desde el punto de vista psicológico. En su estadio, ante su afición y con el objetivo de volver a Primera entre ceja y ceja, el submarino salió del vestuario dispuesto a llevarse el partido. Lo consiguió.

El Villarreal atacó al Castilla desde la base, con una gran presión a los dos mediocentros –especialmente a un Mosquera que hoy estuvo inoperante-, dificultando la salida de balón y las transiciones rápidas que tanto nos caracterizan. Sin Carvajal, el Castilla no podía echar mano de su habitual recurso por la banda. Nacho, colosal en defensa –con la ayuda de Casado, otro que mantuvo el tipo- cubría como podía los errores de sus compañeros. Anuladas las bandas, la mejor opción acabó siendo la bajada de Jesé, convirtiendo nuestro habitual juego fluido en algo previsible y muy fácil de anular por los expertos jugadores del Villarreal.

Aún así, el Castilla se defendió valientemente. Fiel a su estilo, murió con las botas puestas y con un par de ocasiones para cantar el empate. La salida de Borja García por Plano en el 68’ dinamizó al equipo, aunque seguimos echando en falta a un delantero referencia. Tras el gol del Villarreal, Toril intentó la machada sacando a Raúl De Tomás y a Lucas, pero, a esas alturas, al filial tan sólo lo sostenían la sobriedad defensiva de Nacho y los arreones de orgullo de Jesé Rodríguez.

Y fin. Esta vez no hubo gesta, no hubo empate ni victoria in extremis, no hubo estallido de euforia. Por no haber, no hubo error arbitral del que quejarse, sino todo lo contrario: en el minuto 55, el árbitro se había comido un claro penalti de Casado a Uche, que habría adelantado el 2-1. En el Madrigal nos encontramos el otro lado de la remontada; no hubo héroes, sino un puñado de muchachos inexpertos que lucharon hasta el final como buenos madridistas, y pagaron la novatada como mejores recién llegados.

Tardaremos en vislumbrar el verdadero poderío del Real Madrid Castilla, en deleitarnos con ese juego que el año pasado tumbó a Cádiz y Mirandés. Tardarán en funcionar los nuevos fichajes, en adaptarse los juveniles. Tardaremos en dejar de echar de menos a Carvajal; lo mismo que tarde Fabinho en adaptarse al sistema de juego de su equipo, y en aprender a no dejar su banda desprotegida. Paciencia. Los resultados llegarán. Porque calidad tienen, y de sobra.

Uno de los peligros de subir de categoría es encontrarse con una ristra de derrotas y empates donde antes los triunfos se sucedían por costumbre. Una de las cosas que hay que evitar, tanto en el equipo como en la afición, es caer en la ansiedad y el derrotismo si encadenamos una mala racha. La semana que viene volvemos al Di Stéfano, y allí recibiremos, nada más y nada menos, al Barça B. Hay que huir del excesivo ruido que provocará el mini-clásico, y mentalizarse de que nos enfrentaremos a un filial, con nuestra misma calidad potencial, sólo que mucho más rodado en Segunda.

Inauguramos con derrota esta temporada, pero no hay que ser pesimistas. Llevamos mucho tiempo esperando volver a la categoría de plata. Muchos años sin ver a nuestro Castilla en Segunda. Esto no será el paseo militar de la liga regular de 2ªB. Nos esperan muchas derrotas, muchos empates, y muchas victorias agónicas -que nos dejarán mejor sabor de boca que cualquiera de las goleadas del año pasado-. Al Castilla le queda mucho que aprender, mucho que alcanzar, y mucho que sufrir. Suframos juntos; se lo han ganado.

Créditos: Realmadrid.com

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