Un paso más cerca de la excelencia: análisis del Real Madrid 2011/2012

Aquí estamos, encarando una nueva temporada; la primera en la que defenderemos el título de Liga después de varios años de hegemonía azulgrana. La primera en la que nos parece –a priori- que los dos colosos de nuestro campeonato se encuentran al mismo nivel. Tras un verano en el que los movimientos del mercado han brillado por su ausencia, el Real Madrid CF arranca la temporada 2012/2013 manteniendo, en gran parte, el bloque que arrasó en Liga.

 

El equipo de los 100 puntos.

A la trigésimo segunda liga del Real Madrid se la conocerá, probablemente, como la liga de los 100 puntos. Número bestial que eclipsa otras cifras de igual magnitud: 32 partidos ganados, sólo 2 perdidos, 121 goles marcados. La estadística nos habla de una superioridad enorme, abrumadora. Tan sólo Barcelona y Levante consiguieron doblegar el rodillo blanco. Salvo entre mediados de marzo y principios de mayo -donde el equipo flaqueó en tres empates contra Málaga, Villarreal y Valencia-, el Real Madrid ha sido, más que nunca, una máquina de golear y ganar. Llegando a acumular una ventaja de 10 puntos sobre su inmediato perseguidor, el FC Barcelona, el momento culmen de la temporada fue, sin lugar a dudas, la victoria en el Camp Nou en el Clásico del 21 de abril.

Y es que tenía que ser el estadio del doloroso 5-0 –el estadio donde no se había ganado desde que, un lejano diciembre de 2007, Julio Baptista anotara el único gol del encuentro- donde dos jugadores tan señalados por la prensa como Sami Khedira y Cristiano Ronaldo propiciaran el golpe moral que hundió a los culés y empezó a sentenciar la Liga. Fue sin duda el momento clave, el punto de inflexión tras la breve cuesta descendente, que elevó de nuevo al equipo, encadenando una serie de victorias que empezaron a caer del cielo como fruta madura. Sevilla, Granada y Mallorca serían las siguientes víctimas; y el trofeo del campeonato doméstico, por trigésimo segunda vez, volaba a Concha Espina.

La Liga, que alguna vez llegó a parecernos un logro menor –comparada con esa serie de lustrosas orejonas que lucimos con orgullo en las entrañas del Bernabéu- se veía engrandecida por el hecho de que, por primera vez, la ganábamos disputando de tú a tú al legendario Barça de Pep Guardiola. Incluso, quién sabe, puede interpretarse la llorada salida del técnico culé como una consecuencia de su derrota en el tablero ante su archinémesis luso.

La gesta personifica a su héroe principal en la figura de un portugués incansable y rabioso, con 46 goles en la mochila. Sin duda este año hemos visto a un Cristiano Ronaldo pletórico, cómodo, goleador; un Cristiano que, por primera vez, ha sido ese líder completo que merece llevar el título de Mejor Jugador del Mundo. Pero nuestro panteón de dioses merece ser aderezado con otros nombres, no menos importantes que el luso en la conquista del título: Pepe y Sergio Ramos, sobre todo este último, se han destapado como una de las mejores defensas. El curso de káiser impartido por el central sevillano ha sido digno de enmarcar. En el centro del campo, el jugador revelación ha sido sin duda Sami Khedira; la fiabilidad, sencillez y serenidad del 6 blanco ha sido una de las piedras angulares en las que José Mourinho ha cimentado a su rocoso equipo. Y en la delantera, ha sido la temporada de la eclosión definitiva de un talento exquisito que habla con acento francés y deja detalles de calidad cada vez que su pie entra en contacto con la pelota. Karim Benzema ha demostrado ser algo más que un delantero; es un jugador completo, móvil e imaginativo que dará muchas tardes de gloria a un Bernabéu que, por fin, está completamente rendido al señor Don Gato.

 

La decepción de la Champions.

Pese a que no ganamos nuestro trofeo fetiche desde 2002, creo que todos los madridistas coincidiremos en que éste era el año. Jamás tuvimos el camino tan despejado para llegar a la final, jamás esa sensación de que, esta vez, el equipo sí estaba en el momento perfecto para conquistar Múnich.

La fase de grupos, como siempre, fue impecable. Ni una sola derrota, ni un simple empate. Pero el gol en el último minuto del CSKA de Moscú en el primer partido de octavos de final infundió cierto pesimismo al poner de relieve la mayor debilidad del equipo –la defensa a balón parado- precisamente en el momento más delicado de la temporada. Pese a que las eliminatorias se sentenciaron con un contundente 5-2 frente al CSKA y un brillante 8-2 al APOEL, una última piedra se alzaba ante nosotros y la soñada final: el anfitrión, nuestra bestia negra europea, el Bayern de Múnich.

Y la final se perdió en Múnich. Un partido donde Mario Gómez fue el héroe al hacer el 2-1 en el minuto 90 –siempre, ese último minuto que ya nos había matado frente a Villarreal o Málaga- y que condenó al Real Madrid a volver a tirar de la épica de las noches europeas: un espíritu de Juanito que, cada vez más a menudo, deriva en noches de angustia y ansiedad. Fue la ansiedad la que acabó venciendo al Real Madrid, que pudo ganar el encuentro pero no lo hizo. Que desperdició varios penaltis en la tanda final –Sergio Ramos fue el señalado, pero no hay que olvidar que Cristiano Ronaldo y Kaka’, dos especialistas, erraron su pena máxima- y que otorgó su réplica a la eliminación del FC Barcelona frente al Chelsea, en un doble varapalo a un país que llevaba demasiado tiempo visualizando un Clásico bajo los focos del Bayern Arena.

Sombras y luces.

El Real Madrid que ganó la Liga fue, sin duda, un equipo formidable. Mucho mejor equipo que el Madrid que consiguió el campeonato con Capello, e incluso que el que recibió el homenaje del eterno rival, en forma de pasillo, al mando de Schuster. Por más que los madridistas rechinemos los dientes cuando se hable del Barça de Guardiola –eso que los cursis redomados denominan el Pep Team- no se puede negar que ha tenido, a la larga, un efecto beneficioso en nuestro amado equipo: llevarnos a un nivel de exigencia jamás visto, un nivel en el que la victoria es una costumbre, el empate una tragedia, y una derrota un acontecimiento absolutamente extraordinario que puede contarse con los dedos de media mano.

Porque al Real Madrid de Mourinho ya no se le exige solamente ganar: se le exige la perfección. Les pedimos que venzan, que den espectáculo, que marquen un saco de goles pero sin dejar colarse ninguno; les pedimos transiciones rápidas, pases a un toque, diabluras en el área y tantos espectaculares. Les pedimos eso que Florentino Pérez denomina la excelencia. Y a veces llegamos a rozarla.

A rasgos generales, podemos afirmar que el Real Madrid consiguió jugar, la mayor parte de la temporada, como un bloque. José Mourinho consiguió reunir a un puñado de estrellitas y conjuntarlas en un equipo: precisamente eso que siempre se nos ha echado en cara desde la época galáctica. Con el característico sistema de juego del equipo merengue –el que algunos dicen no ver-, basado en una defensa de cuatro, en unos laterales que a ratos toman el papel de carrileros, en constantes penetraciones por las bandas y en un tridente de ataque muy móvil y que suele permutar su posición de forma constante. Con un pilar sólido e inamovible por línea –Casillas en portería; Ramos en defensa; Alonso en el centro del campo; Cristiano en el ataque- el Real Madrid se convirtió en un conjunto sólido, correoso y muy goleador, alcanzando picos de forma y juego espectaculares en algunos tramos de la temporada; especialmente, en el mes que precedió al parón de Navidad.

Y en contra, siempre que falló uno de esos pilares, el equipo no fue capaz de sobreponerse y encontrar sustituto. El tremendo bajón de forma de Xabi Alonso –tras el parón navideño- coincidió y fue causa de los peores meses de juego del Real Madrid. Pese a que algunos se empeñen en ver a cualquiera de los otros centrocampistas de la plantilla como posibles sustitutos del mariscal madridista, todos ellos –especialmente Khedira y Granero- sólo deben ser considerados como pareja de baile de Xabi, jamás ocupando su posición. Comentario aparte merece Sahin: los más optimistas vaticinaban que sentaría a Alonso, y su lesión primero, más un misterioso ninguneo por parte de Mou después –en un caso escalofriantemente parecido al de Pedro León, aunque con menos repercusión mediática- le relegaron a la grada, al banquillo o, en el mejor de los casos, a disputar los minutos de la basura.

En la defensa, si parecía que el Real Madrid había encontrado la pareja de centrales por la que llevaba suspirando años, fueron ambos laterales los que empezaron a generar dudas, especialmente el derecho. En las mejores condiciones, Arbeloa es un lateral sobrio, excelente defensor y correcto atacante; esta temporada, sin embargo, le hemos visto algunos altibajos que habrían puesto en duda su titularidad si la mejor alternativa no hubiera sido desplazar a Lass Diarrá. En la banda izquierda, Marcelo y Coentrão se han disputado el puesto con bastante dignidad, aunque en los partidos duros Mourinho ha preferido la seriedad y fortaleza de su compatriota al poderío ofensivo del brasileño. En general han cubierto bien la posición, pero a rachas se echó de menos a un Marcelo más concentrado, o a un Fabio Coentrão con más recursos y menos lastrado por la etiqueta de los 30 millones de euros.

Mención aparte merece la faceta que más quebraderos de cabeza nos ha dado: el balón parado. A los pocos goles que hemos conseguido de falta –sin duda ha sido uno de los peores años de Cristiano Ronaldo como lanzador, hasta el punto de que muchos han pedido que ese rol cayera en Xabi Alonso- se le suma el peligro que cualquier equipo generaba, ante la barrera, en la portería de Casillas. Aspecto que desnudaba los peores defectos de nuestro indiscutible guardameta y la táctica planteada por su entrenador. Auténtica piedra en la que tropezábamos una y otra vez, para exasperación del aficionado, y que nos costó dos sendos empates que acercaron al Barcelona a la primera posición de la tabla.

Mismo bloque; nuevos retos.

La 2012/2013 se presenta, a priori, como la temporada en la que menos cambios observaremos en la plantilla del Real Madrid. Ningún jugador importante ha abandonado la disciplina del club y, salvo sorpresa con Modric, ningún jugador importante se incorporará a ella.

En la portería, Casillas y Adán se verán permanentemente acompañados por Jesús Fernández, el elegido por Mou para dar el salto definitivo del Castilla al Real Madrid tras una temporada compitiendo con Tomás Mejías. El joven portero madrileño es un seguro y alcanza un notable alto en todos los aspectos; destaca en los penaltis e infunde seguridad a su defensa y al aficionado. Su presencia hace pensar que Adán abandonará el club en una temporada.

La defensa no se ha tocado. Arbeloa sigue sin tener acompañante en la banda derecha, y la renovación reciente de Albiol quizá augure una futura salida de Carvalho. Mourinho parece contar con Nacho, el central y capitán del Castilla –que puede jugar en cualquier posición de la defensa- para suplir un posible hueco por sanción o lesión; otra posibilidad sería el recién fichado Fabinho, más carrilero que lateral, muy al estilo de Marcelo.

En el centro del campo, además del culebrón Modric hay varios jugadores de la plantilla que aún no tienen su continuidad totalmente asegurada: Lass, Kaka’ y Sahin. Se ha hablado de una posible cesión en el caso del turco, y tanto el francés como el brasileño han parecido más fuera que dentro de la nave vikinga, aunque hoy en día parece más seguro que se queden. En cualquier caso, de momento está claro que la piedra angular del mediocampo merengue seguirá descansando en la pareja Alonso-Khedira, aunque se espera que Nuri Sahin demuestre la calidad que llevó a liderar el Borussia de Dortmund.

Quizá la mayor novedad en el ataque sea el ascenso desde el Castilla del delantero Álvaro Morata, canterano pura cepa que intentará demostrar que se puede derribar la puerta si dispone de minutos para ello. Ante la necesidad de disponer de un tercer delantero –que quedó patente el año pasado- José Mourinho ha escogido a Álvaro por delante del pichichi del Castilla, Joselu Mato –vendido al Hoffenheim alemán-. Decisión inexplicable, a priori, pero que se fundamenta fácilmente desde el profundo conocimiento de la realidad del equipo y ambos jugadores: la versatilidad de Morata y la madurez adquirida en esta última temporada con el filial no han pasado desapercibidas a los expertos ojos del míster, que ha visto en él a un jugador más completo y necesario para el Real Madrid.

Con esta plantilla, salvo incorporación sorpresa, afrontaremos la nueva temporada. Y los nuevos retos. En el contexto de un campeonato doméstico que parece abocado a la bipolaridad, la salida de Pep Guardiola, y la presencia de Tito Vilanova al frente de nuestro rival proyectan cierta incertidumbre en el curso que comienza. Nadie sabe cómo afectará el cambio de entrenador en el equipo que intentará evitar que revalidemos el título.

Lo que está claro es que veremos al mismo Real Madrid del año pasado, más conjuntado, más fuerte. Un Madrid que esperemos haya limado sus escasos defectos, aunque algunos puestos clave –como el ya citado lateral derecho- no hayan sido reforzados. En nuestro tercer año con José Mourinho al frente de la nave, ya finiquitada la sequía en Copa y Liga, el madridismo exige a gritos la anhelada Décima.

Quizá éste sea el año en el que al fin añadamos otra cifra a la insignia que lucimos orgullosamente en el brazo. Tan sólo lo sabremos cuando ocurra lo que todos estamos ya esperando: cuando eche a rodar el balón.

Imágenes: Daylife.com y Realmadrid.com.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Primer equipo y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s