Álvaro Morata: la escalada más difícil

En el empinadísimo ascenso desde las categorías inferiores de La Fábrica hasta el primer equipo, muchos son los que se pierden por el camino. Es como el ascenso a una montaña: los hay que abandonan por falta de fuerzas o talento, los que son absorbidos por los peligros y las dificultades del camino y los que, simplemente, abandonan porque ven la cima demasiado lejos.

Parece ser la tónica habitual de los últimos años en el Real Madrid: puerta cerrada al primer equipo, con independencia de los éxitos o esfuerzos. Hasta ahora. Hablamos del primer canterano de la era Mourinho que tendrá una participación sustancial en el primer equipo. Un jugador que, a pesar de los baches, se ha agarrado con uñas y dientes a la ladera y ya puede vislumbrar la cima.

Un largo camino.

De la prolífica generación del 92, Morata llegaría a la cantera del Real Madrid con 15 años, directamente al Juvenil C tras pasar con más pena que gloria por la cantera de Atlético de Madrid y, posteriormente, del Getafe. Abandonaría el club del Manzanares él mismo, tras dos años y un papel de suplente habitual, en busca de más oportunidades; sería en Getafe donde, tras una temporada meritoria militando en Cadete, Michel tomaría nota de aquel punta desgarbado. Una experiencia nada desdeñable en un chaval de 15 años, poco habitual en los aspirantes a cracks que raramente abandonan sus clubes de origen –y menos, tan jóvenes-, que a posteriori supondría una forja vital en su carácter y actitud.

La fulgurante trayectoria de Morata en las categorías inferiores del Real Madrid fue la confirmación de lo que se esperaba: tras una primera temporada con ficha en el Juvenil C y apariciones puntuales con el B, pasaría a formar parte del célebre Juvenil A de Alberto Toril con otras de las joyas madridistas de su generación: Carvajal, Sarabia, Álex Fernández… En éste no tendría más que apariciones puntuales, requerida su presencia de manera habitual en el Real Madrid C, cosa que no impidió que Morata regresase para ayudar a Toril a ganar la Liga de la temporada 2009/2010 y participar en la Copa del Rey de la que perdería la final.

Su debut con el Real Madrid Castilla de Alejandro Menéndez se produciría en Agosto de 2010, en un amistoso de pretemporada contra el Alcorcón, donde marcó el único gol del partido. Esa misma temporada llegaría a un Castilla inestable, de la mano de otros juveniles a los que le dieron la bienvenida un clima hostil, unos resultados que les acercaban peligrosamente a Tercera y un entrenador que había perdido la confianza de todo el mundo.

A pesar de todo, lograría debutar a finales de ese mismo año con el primer equipo (en Liga frente al Zaragoza, en la Romareda), repitiendo aparición unas semanas después en Copa del Rey.

La irrupción de Toril en el primer equipo sería el impulso necesario para que Morata explotase toda su capacidad goleadora a la vez que mejoraba y ampliaba sus características como futbolista: 15 goles y pichichi en su primera temporada en el Castilla, y 17 goles en la segunda temporada –cambio de posición mediante- a pesar de la dura competencia. Entre medias, el Europeo Sub19 del que proclamaría campeón y pichichi con 6 goles y dos pretemporadas con el primer equipo; la más reciente, la que supondrá su teórico ascenso definitivo al primer equipo.

Su avance durante estos cuatro años ha sido arrollador: en dos años pasaba del Juvenil C a debutar con el primer equipo, en tres se convertía en una de las señas de identidad de La Fábrica (una atención mediática que, a la larga, le perjudicaría más que beneficiaría) y ahora, a punto de comenzar su quinta temporada como futbolista del Real Madrid, afronta el asalto a la Primera División.

 Jugador vs. Killer.

Con su 1.91 metros de altura y su potencia física, cualquiera que no esté acostumbrado a ver jugar a Álvaro Morata podría esperar de él las habilidades habituales de un rematador nato: potencia, buen juego por alto, capacidad para desplazar a la defensa y remate. Pero precisamente, lo que hace de Morata un caso especial es que no es únicamente lo que se espera de él.

Para empezar a analizar las características de este jugador, es imprescindible retrotraerse a sus primeros pasos como futbolista fuera del Real Madrid. Atlético y Getafe tuvieron una importante influencia en el modo de juego de Álvaro: con un desarrollo físico tardío, durante sus años en el Atlético de Madrid fue entrenado para explotar su velocidad y agilidad, dado su físico poco imponente y su escasa altura. En Getafe les tocaría ayudarle a adaptarse a sus nuevas proporciones, consiguiendo aunar al delantero tradicional –altura, fuerza, empaque- con las características que ya traía aprendidas de su anterior club: una dupla que, correctamente desarrollada y trabajada, podía llegar a ser demoledora.

El papel que ha desempeñado casi toda su vida ha sido el de punta: un delantero clásico, muy del estilo de juego del Real Madrid, donde sus características físicas podían ser aprovechadas frente a una defensa enrocada.

Sin embargo, su característica velocidad y agilidad –sorprendentes, y por ello más difícilmente defendibles- hacen de él un 9 muy móvil, acostumbrado a bajar hasta más allá de la línea del centro del campo, muy solidario en las tareas defensivas y con un gran ojo para la colocación. Estas características le convierten en un delantero “jugador”, más cómodo en las tareas de desplazamiento y conducción que en el remate en sí, y por tanto fácilmente adaptable en un esquema de juego bien con dos delanteros, bien con un mediapunta con el que a veces intercambia posiciones.

Morata es el tipo de delantero que busca el gol, pero que no lo necesita para destacar en el terreno de juego, haciéndole fundamental para la carburación del equipo y para conservar el potencial atacante incluso en sus peores rachas goleadoras.

Dos fases de desarrollo.

Bien consciente de las posibilidades de Morata –aunadas a un fuerte instinto de superación y a una innegable entrega y trabajo-, Alberto Toril aprovechó al máximo los dos años en los que pudo contar con Álvaro Morata para construir sobre una buena base al jugador completo y valor seguro que en esos momentos necesitaba la línea atacante de un Castilla con serias aspiraciones al ascenso.

La primera fase –que podríamos englobar en el periodo desde la llegada de Toril al Castilla hasta la finalización de esa primera temporada-, se dedicó a potenciar las características del jugador como único atacante. Con Sarabia en la mediapunta como su mejor socio, Morata alcanzó su mejor nivel desde su llegada al Real Madrid, mejorando todas sus cifras goleadoras hasta la fecha y en tan solo media temporada (12 de los 15 goles que marcaría esa temporada, fueron durante esta segunda mitad).

Ese momento de lucimiento personal llegó justo a la vez que la polémica tras la lesión de Higuaín y la necesidad de incorporar un nuevo delantero a la plantilla del primer equipo, donde su idoneidad o no para convertirse en el tercer delantero del Real Madrid fue usada como arma arrojadiza por los partidarios y detractores de Mourinho. Sin embargo, Álvaro supo digerir finalmente la repentina presión mediática –que, durante breves intervalos de tiempo, sumados a una lesión, le sentaron un par de partidos en el banquillo en beneficio de Joselu- y utilizar las palabras del entrenador del primer equipo como acicate para su mejora.

Tras un buen Pre-europeo -1 gol, 2 asistencias-, llegaría en óptimas condiciones al Europeo Sub19, donde su magnífica racha goleadora ayudaría a la selección a conquistar el título. En estos partidos tendríamos la ocasión de ver a Morata en su mejor versión de delantero rematador -6 goles oficiales, 7 reales-, destacando entre un equipo donde se reunieron algunos de los mejores jugadores de su generación por su dedicación y entrega –pidió el video del partido donde marcó un hattrick para analizar sus errores-, además de por su gran capacidad de desborde, donde ninguna defensa excepto la de la República Checa sería capaz de detener al tándem Sarabia-Morata-Deulofeu.

La segunda fase se desarrolla durante la temporada del ascenso del Castilla, en el que ante las salidas de ciertos jugadores, Toril cambiaría su habitual esquema de juego, pasando a un esquema de dos delanteros donde, en realidad, Morata iría cayendo progresivamente a banda izquierda, perdiendo su papel de delantero.

Esta fuerte apuesta de Toril por las capacidades de adaptación de Morata a una posición tan diferente pudo haber salido muy mal. Durante los primeros compases de la temporada, encontramos a un jugador que, encerrado en su mentalidad de delantero centro, buscaba con demasiada ansiedad el gol y que no parecía terminar de aceptar su nueva posición, lo que unido a una situación personal delicada acabaron por dejar al descubierto algunas de sus debilidades, un bajón físico que acabó llevándole al banquillo en algunos partidos.

Sin embargo, el empeño de ambos –jugador y entrenador- por lograr que funcionase acabó dando sus frutos: poco a poco, Morata se sintió más cómodo en su nuevo papel, explotando sus capacidades de velocidad y conducción, más solidario que nunca a la hora de bajar –especialmente en la primera mitad de la temporada en la que el centro del campo sufrió problemas-, aceptando dejar el trabajo rematador a otros. Alternando este papel –cada vez más habitual- con el de delantero centro en partidos puntuales –en el que demostró que, a pesar del cambio, seguía siendo su posición predilecta-, Morata se superó, llegando a los 17 goles y 3 asistencias.

Podríamos definir esta segunda fase como la clave para su posible ascenso. A pesar de no haber sido el máximo goleador de su equipo, su capacidad de adaptación y la versatilidad demostrada ha llamado la atención de Jose Mourinho, muy del gusto de este tipo de jugadores capaces de jugar con solvencia en diferentes posiciones. Más aún si tenemos en cuenta su papel de tercer delantero en el que, si quiere jugar minutos, deberá ser capaz de demostrarse capaz en las diferentes posiciones que puedan quedar libres.

Mentalidad y remate.

A pesar de su crecimiento a lo largo de estos años, a Álvaro Morata aún le falta por limar determinados aspectos que lastran su buena impresión general, y que pueden resultar claves a la hora de hacerse un hueco en una plantilla tan competitiva como la del Real Madrid.

Para empezar, su técnica rematadora es alarmantemente pobre para un delantero de sus capacidades. Al tratarse de un jugador que necesita cocinar las jugadas, se puede llegar a entender esta falta de efectividad de cara a la portería. Sin embargo, y aunque a menudo lo compensa con una gran cantidad de llegadas y desbordes, es necesario que afine su puntería y se vuelva menos dependiente a la hora de buscar al compañero; en definitiva, de volverse más atrevido y audaz a la hora de disparar entre los tres palos. Su solidaridad defensiva se convierte, en este caso, en un arma de doble filo; tiene que ser capaz de adquirir ese sexto sentido del delantero, de estar en el momento preciso y en el lugar adecuado para empujar el balón, algo que hasta ahora se le resiste.

Por otra parte, su fortaleza mental será determinante a la hora de saber finalmente si las esperanzas volcadas en Morata no son infundadas. Hasta el momento, ha mostrado dificultad a la hora de superar la presión mediática y las expectativas generadas. Al tratarse de un jugador excesivamente dependiente de sus rachas, la escasez de goles le lleva a ofuscarse en la búsqueda de la portería, dejando en segundo plano sus capacidades más solidarias –las mejor desarrolladas- y confiándose a un instinto goleador que en él aún no es automático.

El primer equipo.

Álvaro Morata afronta la temporada 2012/2013 como el tercer delantero del Real Madrid, un puesto que salvo lesión o alarmante bajón físico de Karim Benzema o Gonzalo Higuaín, le reportará muchos minutos en el banquillo. Habrá que esperar para ver si se convierte en un caso Canales o en un caso Callejón, y si dispone de las ocasiones suficientes para reivindicar su puesto en el primer equipo.

Será clave comprobar si ante la falta de minutos y las pocas oportunidades que con casi total seguridad sufrirá esta temporada, Morata es capaz de hacer gala una vez más de su capacidad de superación y es capaz de ir cocinando a fuego lento –minuto a minuto, entre banquillos y gradas- buenas actuaciones. También si será capaz de soportar la presión de prensa y aficionados, que exigirán goles desde el primer minuto, algo que, a día de hoy, no es su característica más destacada.

Aparte de la suerte –fundamental, digan lo que digan, a la hora de sacar la cabeza en una liga tan competitiva-, sólo queda confiar en la capacidad de trabajo y sacrificio que hasta ahora ha demostrado Morata, de trabajar hasta lograr sus objetivos, superando todos los peligros e imprevistos que han aparecido en su meteórico ascenso.

Una tenacidad, lucha y capacidad de superación propias de un delantero del Real Madrid.

Imágenes: Daylife.com, Realmadrid.com, Resultadosfutbol.com

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